Vidas ejemplares

Cutre a más no poder

Fatal el tal Garrido, pero casi peor el partido que lo acoge

Luis Ventoso
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Solo una vez en mi vida he compartido un rato de charla con el tal Garrido. Me pareció un señor tranquilo, razonable, que a sus 55 años exponía con sosiego cosas de elemental sentido común. Y también tan gris como el aburrido traje que vestía. Con todo, ante una clase política muy degradada, el tal Garrido me inspiró un respeto, por el hecho de haber trabajado en la empresa privada y por su condición de ingeniero de Minas, estudios que requieren una dosis de cerebro y codos que desborda las prestaciones de especímenes tipo Ada Colau. Pero salí del encuentro con él con la sensación de que España y Madrid nada ganaban, ni perdían, por el irrelevante hecho de que

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