Editorial ABC

G-7: Una cumbre para olvidar

La reunión de Biarritz es probablemente el peor ejemplo de organización de un encuentro de este tipo y es natural que termine sin acuerdo, sin logros ni avances en ningún campo

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Desde su origen, las grandes citas internacionales servían para escenificar los acuerdos a los que se quería conferir una importancia excepcional y se celebraban solemnemente una vez que los ministros y altos funcionarios habían sellado los consensos. Nada más razonable que alejar de los jefes de Estado la discusión más minuciosa y detallada, no porque no fuesen capaces de resolverla, sino porque en caso de desacuerdo no quedaría ningún margen para evitar una crisis o una ruptura. Hace ya tiempo que la utilización repetitiva del mismo modelo de reuniones al más alto nivel ha ido degradando su utilización y ahora hemos pasado a todo lo contrario, a reuniones sin programa ni objetivos, incluso con «sorpresas» preparadas de última hora, en las que lo único que se obtiene es la expresión repetitiva de las divergencias y los desacuerdos. La reunión del G-7 de Biarritz es probablemente el peor ejemplo de organización de un encuentro de este tipo y es previsible, y natural, que termine sin acuerdo, sin logros ni avances en ningún campo. Y todo ello a pesar de haber causado molestias e incomodidades notables a los ciudadanos de esa región de Francia, de las zonas españolas aledañas y a los cientos de miles de viajeros que debían atravesar la zona y que se han visto obligados a efectuar incómodos rodeos a causa de las férreas medidas de seguridad.

A pesar de la imprevisibilidad del carácter del presidente estadounidense Donald Trump, una reunión como esta tenía pocas posibilidades de introducir cambios relevantes en las tensiones comerciales con China, del mismo modo que se podía prever que la actitud irresponsable y desafiante del británico Boris Johnson -que ya se acababa de reunir por separado con Angela Merkel y con Emmanuel Macron- tampoco ayudaría a mejorar las inquietantes perspectivas de un Brexit sin acuerdo. En líneas generales, no hay dossier en el que las cosas no hayan empeorado en la reunión.

El Grupo de los siete países más industrializados del mundo era mucho más relevante para la buena marcha de los asuntos del planeta cuando el mundo era menos complejo y se mantenían ciertos consensos básicos, incluso entre potencias rivales. Una reunión desnortada y en la que participan dirigentes que carecen de intereses comunes en lo esencial no puede tener resultados relevantes. Los grandes problemas de un mundo globalizado necesitan una convergencia de intereses que hoy no existe ni entre China y Estados Unidos, ni entre el Reino Unido y Europa y la aparición sorprendente del ministro de Asuntos Exteriores iraní tampoco significa que se reduzcan las opciones de conflicto en la zona. La de Biarritz es una cumbre para olvidar.