Cuatro esquinitas

La derecha llega al momento clave en desventaja: nada está escrito de antemano pero su división es un claro hándicap

Ignacio Camacho
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La derecha acude al duelo electoral del domingo con una mano atada a la espalda: aunque nada esté escrito de antemano, su división es un claro hándicap que la sitúa en posición de desventaja. Su apoyo social está prácticamente intacto, tal vez incluso al alza, pero de sus once millones aproximados de votos, alrededor de tres se pueden quedar sin representación parlamentaria. Se trata de una elemental cuestión matemática relacionada con una ley electoral que establece un cuello de botella en las provincias menos pobladas. En un sistema diseñado para favorecer la estabilidad bipartidista en los albores de la democracia, la concentración del sufragio goza de un incentivo y la desunión se paga cara.

La mayoría conjunta de PP, Vox

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