Las cuartas taifas

«De no haber intervenido el Rey, con su discurso del 3 de octubre, en este momento Cataluña sería independiente, con el gobierno de Madrid (el que fuese) implorando de rodillas en Bruselas que admitieran como nuevo miembro de la UE a los sediciosos. No es catastrofismo-ficción, basta con mirar el mapa y recordar lo sucedido desde 1976: la rendición del Estado»

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Preferiría escribir sobre el céfiro manso que se enreda entre los arriates de Medina Azahara; y, si fuera árabe, hacer rebalsar de lágrimas, por el Califato perdido, acequias y albercas y recriminar a los andalusíes, buenos vividores; recordarles a dónde les condujo su inopia individualista, parapetada en el ombligo, sorda y ciega ante lo que les venía encima.

Pero no soy nada de eso, ni estamos en 1031, ni siquiera en los estertores finales de los almohades, cuyos sucesores, las últimas taifas, propiciaron la toma por los castellanos del Valle del Guadalquivir y de Murcia por los aragoneses. Vivimos un país por entero distinto y sin continuidad histórica, emocional ni cultural con aquellas calamidades y quienes las permitieron, aunque, eso