-Llevo un detector que me indica no sólo dónde están los controles de velocidad, sino además el lugar del cementerio.
-Llevo un detector que me indica no sólo dónde están los controles de velocidad, sino además el lugar del cementerio.

¿Cuánto cuesta barajas?

JOSÉ MARÍAGARCÍA-HOZBARCELONA entera es un clamor: ¡volem l´aeroport! De repente

POR JOSÉ MARÍA GARCÍA-HOZ
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BARCELONA entera es un clamor: ¡volem l´aeroport! De repente la gestión estatal del aeropuerto de El Prat se ha convertido en el paradigma de la secular marginación de Cataluña en las prioridades del poder central. Sólo en virtud de esa marginación se explica que el de Barcelona no sea un aeropuerto al nivel de los primeros de Londres, Frankfurt o París y su puesto haya sido suplantado por Barajas.

Ciertamente, la espectacular T-4 madrileña será replicada en breve por una no menos emblemática Terminal Sur, pero el problema de fondo es que incluso con renovadas instalaciones el aeropuerto de El Prat se está convirtiendo en una lujosa base de vuelos de bajo coste, para volar pronto y barato a cualquier punto de Europa, pero el viajero que, desde El Prat, pretenda volar de Europa hacia Asia debe pasar por Londres o Frankfurt, y para el que quiera cruzar el Atlántico, la escala obligada es París o Madrid. Y viceversa.

Una Barcelona cosmopolita, que se ve a sí misma como capital de la cultura, de los servicios médicos, de la investigación informática, de las más afamadas convenciones internacionales, necesita un aeropuerto a la altura de las circunstancias, con conexiones directas y frecuentes, no ya a Londres o Estocolmo, sino a Shangai, Los Ángeles o Delhi. Y, obviamente, conseguir ese objetivo de un aeropuerto al servicio del desarrollo estratégico de una ciudad necesita una gestión autónoma del mismo, no supeditada a los intereses siempre poco claros de esa especie de monstruo burocrático llamado Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, AENA.

La unanimidad en la reivindicación por parte de las fuerzas vivas barcelonesas -¡qué poderío el del profesor Pedro Nueno, cuya convocatoria reivindicativa en el campus barcelonés del IESE fue atendida por todo el empresariado catalán!- no puede ocultar la complicación de la misma: con absoluta seguridad, desmontar AENA tiene sentido, en la medida que lo tiene desmontar cualquier monstruo burocrático; pero tampoco merece la pena emprender un viaje cuyo destino consista en sustituir la entidad pública empresarial por catorce «mini aenas» en otras tantas administraciones autonómicas. La misma Cataluña que clama en la reivindicación del aeropuerto de El Prat, debe comprender que no es lo mismo que ese aeropuerto sea administrado por la Generalidad que, es un decir, por Abertis, la mayor empresa española de infraestructuras, con sede en Barcelona, o por Ferrovial, la mayor empresa europea de administración de aeropuertos, con sede en Madrid.

Porque, una vez más, la almendra del problema no está en quién manda en el aeropuerto de El Prat, ni en el de Barajas, ni en el de Talavera la Real, sino en la eficiencia de su administración y el coste de cada uno de ellos. Si fuera capaz de ello, AENA debería hacer públicos sus números y a la luz de los mismos analizar el sentido de Galicia con cuatro aeropuertos o el País Vasco con tres.

Aun antes de que los saque, lo que sí sabemos gracias a la información de IATA es que los aeropuertos españoles se encuentran entre los más caros del mundo, lo que equivale a decir entre los más ineficientes: poner un pie en ellos, vayas donde vayas, supone un desembolso mínimo de cinco euros... Y encima, funcionan mal.

Reivindicar la gestión del aeropuerto de El Prat por parte de la sociedad civil catalana es actitud perfectamente legítima, y puede resultar extraordinariamente positiva si la reivindicación inicia un proceso en el que además de los inevitables y atorrantes factores político-nacionalistas se introduzca la racionalidad de las cifras. Y, ya puestos, esa racionalidad podría extenderse a prácticamente todos los organismos de las administraciones públicas: ¿cuánto cuesta la policía? ¿Y la inspección de Hacienda? ¿Y la enseñanza pública?

Desde luego que el económico no debe ser el único argumento de un debate sobre cualquier servicio público, pero ya va siendo hora de que en este país también se considere la utilidad del dinero utilizado en tal o cual cosa. Y después de saber lo que Barajas y los demás aeropuertos nacionales cuestan al contribuyente, a lo mejor se decidía que una gestión privada resulta más eficiente.

josemaria@garcia-hoz.com