Cuando reina el odio

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
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No están en Keynes y en Hayek las razones para el rechazo de un «pacto» entre el PSOE y el PP. Es verdad que los dos justifican su negativa con argumentos económicos e ideológicos pero la causa real es el odio. Comparto estas tesis con Amando de Miguel. La animosidad visceral que anida en las dos grandes clientelas pone de actualidad la división de las dos Españas de las que habló, antes que nadie, Fidelino de Figueiredo.

Ahora bien, si es obligado reconocer que las propuestas de reconciliación vinieron de la izquierda, también hay que achacarle a esta la responsabilidad de la marcha atrás en estos últimos años. Fue Zapatero quien levantó la calle contra la derecha «asesina» y ha sido él quien mandó abrir las fosas de la guerra civil no para hacer el obligado homenaje póstumo a los enterrados con ultraje sino para actualizar los odios que alimentaron la Guerra Civil. Con la reivindicación de la «memoria histórica» se ha querido trasladar el debate desde la investigación a la sociedad, y se ha permitido que Garzón haya querido traducir las represiones franquistas en «crímenes contra la Humanidad» sin tener en cuenta la amnistía. De forma prevaricadora.

La generación de Zapatero ha querido interpretar la hegemonía de la izquierda, desde González a hoy, como el desquite de los derrotados en 1939. Todavía hace unos días Pagazaurtundúa cometía la torpeza de utilizar a Unamuno para decirles a los etarras «ni venceréis ni convenceréis». ¿Acaso habría «convencido» el Frente Popular si hubiera sido el ganador de la Guerra Civil?

Por todo esto quizá las bases del PP no están dispuestas a aceptar un discurso para todos, por encima de los odios. Rajoy no se ha atrevido a dar la mano a Zapatero en esta ocasión de emergencia nacional por temor a su propio electorado, al que la izquierda califica como la derechona. Por todo ello nuestra gran problema no es la economía «sostenible» sino la sostenibilidad de la convivencia.