¿CUÁLES SON LOS GESTOS DEL GOBIERNO CUBANO?

por OSWALDO JOSÉ PAYÁ SARDIÑAS. Opositor cubano y Premio Sajarov del Parlamento Europeo/
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JOSÉ Daniel Ferrer, Leonel Grave de Peralta, Normando Hernández González y Diosdado González Marrero, son prisioneros políticos pacíficos. Los tres primeros, muy activos en el Proyecto Varela. Hoy 13 de agosto, los cuatro llevan 78 días en celdas de castigo individuales. Las celdas «normales» tienen 1,80 por 3 metros, con una puerta muchas veces tapiada, muchos mosquitos, a veces ratas, una cama de cemento y un tubería que se asoma a ras de la pared, a pocos centímetros de altura del hueco donde hacen sus necesidades. Hay también una rendija para respirar y por la que puede escuchar amenazas y ofensas de sus carceleros. Es difícil que a las pocas horas no le duelan todos los huesos. Puede imaginar el lector como es la celda de castigo. Esto esta ocurriendo en Cuba, en la tristemente célebre, por la crueldad, Prisión del Kilómetro 5 1/2 de Pinar del Río.

Esto ocurre porque esos prisioneros se han negado a que les confinen junto con presos comunes de altísima peligrosidad. Ya existe la experiencia de agresiones, provocaciones y hostigamiento perenne contra los prisioneros políticos por parte de comunes, instigados por los guardias de las prisiones. Hace algunos meses Iván Hernández Carrillo, prisionero político en la prisión de Holguín tuvo que declararse en huelga de hambre por varias semanas para defenderse de este hostigamiento dirigido por los guardias. En días pasados y hasta hoy, que sepamos, Iván esta nuevamente en huelga de hambre para protestar por el maltrato y las humillaciones. Mientras escribo esta nota, el prisionero político Margarito Broche de 47 años, está en la sala de terapia intensiva del Hospital Salvador Allende, antiguamente Centro Asturiano Covadonga, debido a un infarto cardiáco.

Margarito cumplía 25 años en la prisión de Guanajay por ser gestor del Proyecto Varela y por dirigir una Asociación de Exbalseros. Parece de bronquiciectasia y una severa hipertensión. Pedía atención y no se la dieron. Como protesta se negó a afeitarse. Entonces el oficial de la Seguridad del Estado, que como en todas las prisiones es quien se encarga de regular la tortura y la crueldad, auxiliado de otro oficial de la prisión, sacaron a Margarito de la celda, los esposaron de pies y manos, lo afeitaron y pelaron. Él no se resistió. Después le hicieron caminar largamente bajo un torrencial aguacero. Dos días depués le dió el infarto.

Es como si dosificaran la represión de manera calculada contra los que ya están en prisión, algo que incluye las amenazas a sus familiares y también las amenazas de muerte que los «valientes» guardias, les repiten a los prisioneros políticos recordándoles, que ellos (y nosotros los que no estamos en prisión) «no veran el final porque serían liquidados, fusilados».

Mientras tanto en el territorio anexo a las prisiones, es decir, el resto del país donde la gente se considera «no encarcelada», la represión continúa. Está, en primer lugar, la represión contra el cubano que tiene que buscar el pan de cada día en un ambiente de delito, ya que la persecución es propia de un estado de sitio. La Policía no busca armas, ni explosivos, sino café, pescado, queso, arroz, cualquier producto decomisado, o robado, sin más derecho que una multa o una golpiza gratuita si el detenido se atreve a reclamar lo confiscado, que en muchos casos va a parar a casa de los policías.

La situación de opresión es más grave cuan mayores son los privilegios de los jerarcas que hoy son los nuevos y únicos empresarios, los gerentes en el país donde se persigue a una viejita viuda por vender pasteles. Las perspectivas son las de «apretar más». Término que en buen código cubano, significa el anuncio de más represión y más opresión.

Por superar esta situación están encarcelados los Prisioneros de la Primavera de Cuba y aunque no existe ninguna voluntad de cambio por parte del Régimen, continuamos el Proyecto Varela y muchos ciudadanos quieren firmarlo. También continuamos la campaña de Diálogo Nacional para redactar un Programa de Transición Pacífica de los cubanos. Para esto se van formando muchos círculos ciudadanos de reflexión y diálogo. Pero estas campañas ciudadanas no se desarrollan en ambiente de tolerancia, ni en perestroika.

La Seguridad del Estado ha desplegado en todo el país una ola represiva contra el Proyecto Varela. Sus agentes están visitando uno a uno, a los 25.000 firmantes del Proyecto Varela cuyos datos conocen, ya que entregamos la petición con sus datos y firmas a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Los amenazan, los tratan de obligar a que se retracten, a algunos les expulsan del trabajo. La Seguridad ha repartido listas en los Comités de Defensa, para tener vigilados y fichados a estos ciudadanos que ejerciendo un derecho constitucional hicieron esta petición ciudadana en referendo.

Con los miembros de los Comités Ciudadanos del Proyecto Varela es más grave. Los detienen, los ofenden, les registran sus casas, amenazan a sus familiares. Sólo relato lo que le ocurrió a Nivaldo Díaz, uno de los dirigentes del Proyecto Varela y del Movimiento Cristiano Liberación en Pinar del Río. Nivaldo vive en un pueblo cautivo conocido López Peña. Estos pueblos son el fruto de la concentración forzosa que hizo el régimen desalojando a miles de familias de las provincias centrales para que no apoyaran a las guerrillas que se le opusieron en los años 60 o para que no volvieran a surgir. Es una larga historia de crueldad aplicada masivamente y que destruyó miles de familias y las confinó en pueblos prisiones. A Nivaldo la Seguridad lo hostiga permanentemente, le amenaza, le provoca, le apedrea la casa en la madrugada. Finalmente, la semana pasada un automóvil de la Seguridad le detuvo. Los agentes le obligaron a subir al coche y durante el viaje lo insultaban con bajezas irrepetibles, hasta que amenazaron la integridad de su hijo. En ese momento Nivaldo, que iba en el asiento de atrás, se tiró por encima del agente que conducía, tomó el volante y giró para que el automóvil cayera por un puente diciendo: «Si amenazan a mi hijo vamos a ver si están dispuestos a morir conmigo».

El oficial copiloto quedó paralizado de miedo y el chófer mordió a Nivaldo fuertemente en el brazo. Tras controlar el automóvil obligaron a Nivaldo a apearse allí mismo en medio de todo tipo de amenazas. Las cosas, hasta para los pacíficos, tienen un límite. Y un buen límite es cuando un padre tiene que defender la vida de un hijo con su propia vida. Eso, más que un derecho humano, es un mandato divino.

Esto refleja todo un ambiente y una soberbia que no hay por qué estimular en los opresores. Lo que hay que estimular es el movimiento por los cambios pacíficos en Cuba. Movimiento que no tiene odio, ni deseos de venganza y que da pasos muy firmes y realistas para que sean los propios cubanos, perdiendo el miedo, los que superen pacíficamente la violencia y la opresión. Lo que es necesario atender y apoyar son estos gestos que no son solo gestos sino un movimiento social por los cambios hacia la democracia en Cuba.