Cristiano, monseñor y los gritos en el cielo

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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EN Méjico retiran de los libros escolares el asunto de la Conquista, con lo cual a ver quién es el guapo que lee ahora a Alfonso Reyes o a Octavio Paz. Mas, si va a servir para ponernos a leer, ¿para qué queremos democracia? Esto lo explicaba muy bien Pepe Cerdá con el chascarrillo de la golfista madura que aborda a un hombre de su edad:

-¿No juega usted al golf?

-No, señora. Yo todavía follo .

Algo parecido sucedería, según Cerdá, con la afición a la lectura.

El caso es que, si la democracia mejicana establece para sus comprometidos que la Historia comenzó el 13 de agosto de 1521, fecha de la conquista definitiva de la capital por Cortés, la democracia española tiene establecido para los suyos que la Historia comienza el 18 de julio de 1936, fecha del levantamiento definitivo contra una República tan liberal que a los seis meses ya había hecho flamear en el balcón de Figols («Figols ha de ser para la revolución social lo que Jaca fue para la republicana»), en el Alto Urgel, más banderas que vecinos:

-En abril, quitaban la bandera que estaban acostumbrados a aplaudir e izaban con entusiasmo la bandera republicana. Ahora se han «cargado» la bandera de la República y han levantado la roja. Poco después quitan la roja y ponen una blanca. Por último, quitan la blanca y alzan la republicana...

Esto, para el demócrata comprometido. Para el no comprometido, la Historia es una cosa que comienza cada año con la Liga. Este año, con Cristiano Ronaldo -nombre subversivo para el régimen zapateril, que es cristófobo y reaganófobo- contra los «botigers» del Barça, por los que «tuercen» Zapatero y el obispo Sistach. Zapatero, por antimadridista, pues encarna a todo ese mundo inferior que odia la gloria, la riqueza, la victoria; ese mundo envidioso, aliado con la desgracia. Y Sistach, por localista de un localismo que lo lleva a confundir a los galácticos del «Madrit» con los cochinos de Gerasa (para Marcos y Lucas) o de Gadar (para Mateo). Esto hace que a Sistach le parezca un escándalo que el «Madrit» pague noventa millones por un Cristiano, y, en cambio, una «ganga» que el Barça pague veinticinco por un Chygrinskiy, siendo Cataluña la región que en el último año más parados aporta a España (25 de cada cien), y la que menos, Madrid.

El Madrid parte en la Liga con más dinero y más suerte (el catetismo que impidió el fichaje de Villa hizo posible el de Benzema), pero Laporta, el tío que, quedándose en calzoncillos, pusiera, ay, entre la espada y la pared a la Benemérita, parte con Villar en España, y en Europa, con Platini, el tipo que considera «indecencia» el precio de Cristiano Ronaldo, pero no el de Chygrinskiy, y que aún no se ha pronunciado sobre el árbitro que birlibirloqueó la Copa de Europa al Chelsea.