Editorial

Crece la presión para el adelanto electoral

Sánchez, desprestigiado personalmente, tratará de tomar aire intentado, a la desesperada y con las cesiones que sean precisas, sacar adelante los Presupuestos

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Parece evidente que el intento de Pedro Sánchez de prolongar la legislatura lo máximo posible está fracasando entre las dimisiones de sus ministros, los escándalos de sus plagios -hoy ofrecemos nuevas pruebas que hablan por sí solas-, la extrema debilidad parlamentaria del PSOE, la calamitosa calidad democrática de los socios que le llevaron a La Moncloa y, sobre todo, una incompetencia severa a la hora de determinar lo que necesita España. No es extraño que ante el clamor general que detectan las encuestas entre los ciudadanos que mayoritariamente quieren elecciones ya, algunos miembros del gabinete hayan comenzado a sugerir al presidente que acceda al adelanto de los comicios para evitar un mayor desgaste, una vez que los efectos positivos del cambio en La Moncloa se han agotado apenas tres meses después del desalojo del PP.

El panorama ya se estaba volviendo bastante hostil antes de la crisis de los plagios en la tesis y el libro de Sánchez, toda vez que no existe un solo avance en la crisis territorial provocada por los separatistas catalanes, el mayor problema ahora planteado a España, y la estrategia de la distensión parece condenada al fracaso, como se comprobará en breve en los fastos y fanfarrias preparados por los progolpistas para el aniversario del 1-O. Paralelamente, el Gobierno parece que carece de fórmula alguna para apuntar el crecimiento económico, que ya da síntomas preocupantes de fatiga, como apuntamos arriba.

Sánchez, desprestigiado personalmente, tratará de tomar aire intentado, a la desesperada y con las cesiones que sean precisas, sacar adelante los Presupuestos. Da pavor pensar en lo que entregará a su socios en una negociación solo pensada para la supervivencia de un político con una ambición tan desmedida que en su cabeza no cabe el interés de España.