El «low cost» es ir en el yate de otro

Lo peor de las vacaciones (aparte de empezarlas en la estación de Sants o

POR ROSA BELMONTE
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Lo peor de las vacaciones (aparte de empezarlas en la estación de Sants o terminarlas en un autobús egipcio) es tener que dar explicaciones. Kit-Kat. Barcelona (Sants o la salida de Saigón, aeropuerto del Prat y demás) a veces da la impresión de ser un fantástico hotel de cinco estrellas al que se hubieran olvidado de mantener. Una vez zampado el Kit- Kat, sigo con las vacaciones explicadas de Napoleoncito Sarzozy. Un «déjà vu» en bucle.

Cada cierto tiempo, «le President» se ve obligado a aclarar que sus días de descanso no cuestan un céntimo al contribuyente francés. Empezó mal («Ça commence Malte», titulaba «Le Canard Enchainé») yéndose a Malta al ganar las elecciones. Malta, por cierto, ese país tan civilizado que no deja desembarcar a los pobres inmigrantes recogidos por los pesqueros españoles (a ver si se creen que los africanos habrían tenido alguna intención de quedarse allí). Retomo a Sarkozy. Que si llegó en avión privado, que si el yate El Paloma (anda que ponerse el nombre de Alfredo Mayo en «Cañas y barro») era un pasote, que si vaya un presidente del pueblo. Y llegó su primera aclaración (parece una canción de Juanito Valderrama). Estaba invitado por el millonario Vincente Bolloré, a quien conocía 20 años. Eso fue hace meses. Ahora se va a New Hampshire (Estados Unidos) y otra vez tiene que aclarar que lo han invitado porque siempre hay un tonto que hace el cálculo de lo que cuestan las vacaciones de turno. Vale que cuando uno es un cargo político tiene que ser la mujer, la hija, la madre, la cuñada y una prima segunda del César, pero vale también que aceptar invitaciones de amigos ricos es más viejo que el hilo negro. No sólo en política (Blair en casa de Cliff Richard o en la de Berlusconi, más rico que político), es que forma parte de las obviedades de la vida acomodada.

Ya lo dice ese gran sabio que es Ángel Torres, presidente del Getafe: ser rico sale más barato. Cuánto más tengas menos gastas. Y si no tienes mucho, la elección de los amigos es fundamental porque también puedes ser el amigo pobre que ha compartido universidad o colegio (véase a Charles Ryder invitado por Sebastián Flyte, su amiguete de Oxford en «Retorno a Brideshead»). De ahí la importancia de sacrificarse para llevar a los hijos a los mejores colegios. En el mundo hay dos tipos de hombres (de personas). Por un lado, los que tienen barcos, fincas, aviones, palcos en la ópera... Pueden ser ricos de familia, poceros «new rich» o diseñadores (está muy extendida la costumbre del barco para todos en tipos como Cavalli, Valentino o Stefano Gabbana). Por otro están los que usan esas propiedades gratis total. Los que, una vez alojados, ni siquiera necesitan una pulsera de todo incluido para tomar «gin-tonics» de Hendricks con una rodaja de pepino.

El «low cost» no es lo de los billetes baratos. Disfrutar de los bienes ajenos es el verdadero «low cost». Y no es gorronear, es cazar en las fincas de los amigos o salir al mar en sus yates. Pesebres que siempre han formado parte de la vida social. También está el «low cost» familiar (veranear en casa de papá). Pero esa es otra historia. También de toda la vida.