Correos tiene un plan

Por José Luis GONZÁLEZ-BESADA
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Correos, en otra época empresa señera del sector público estatal, ha perdido en los últimos años el tren de la competencia. Con cerca de 65.000 empleados (40.000 de ellos funcionarios) y, atada de pies y manos, se ha visto incapaz de plantar cara a las pujantes empresas del sector (Seur, UPS, MRW...) que le han ido comiendo parte de la tostada. Sus datos de los últimos años no dejan lugar a dudas sobre su pésima posición. En 1998 perdió cerca de 30.000 millones. Un año después, sus «números rojos» se redujeron hasta los 4.775 millones. Y ya en el año 2000 se situó en beneficios, aunque, eso sí, muy inferiores a los de sus competidores privados. El plan estratégico presentado ayer por el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, y el consejero director general de la entidad, Alberto Núñez Feijoo, pretende darle la vuelta a Correos, que para poder competir en el libre mercado se convertirá antes de julio en una sociedad anónima estatal. El proyecto pasa por la diversificación —el 90 por ciento de sus ingresos actuales proceden de la correspondencia—, entrando de lleno en los negocios de paquetería y mensajería; en los servicios bancarios —para lo que cuenta con 1.848 oficinas, 10.000 puntos de venta y la colaboración del Deutsche Bank—, y en e-business.

La Nueva Economía, «demodé» en estos días por la caída en Bolsa de los valores tecnológicos, puede ser la tabla de salvación de una parte de los negocios de Correos, que quiere convertirse en el intercambiador de documentos electrónicos entre la Administración y los ciudadanos, abrir una oficina postal virtual por Internet y liderar el negocio de paquetería en la Red.

Correos no debe olvidar que su obligación es compatibilizar todo ello con el servicio postal universal, lo que supone tanto como llegar, a tiempo, al último rincón de España. Correos tiene un plan.