Conventos y redacciones

M. MARTÍN FERRAND
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QUIENES, por viejos, recuerden los gloriosos días radiofónicos de Cabalgata fin de semana, con Bobby Deglané a la cabeza del equipo, recordarán también los nombres de sus más notables colaboradores que, en los cincuenta, acapararon el total de la audiencia nacional: José Luis Pecker, Vicente Marco, Pepe Bermejo, Gilera, Yale... y Petrita Tamayo. Ellos y las míticas voces de su cuadro de actores forjaron el éxito de «la Sociedad Española de Radiodifusión a través de sus emisoras propias y asociadas». Bueno, pues resulta que Petrita, la superviviente, acaba de entregar su alma al Señor. Es una historia singular que, como suele ocurrir con los hechos que cursan sin oficina de prensa y relaciones públicas, pasan inadvertidos. Nos hemos acostumbrado al menú de los proveedores más frecuentes que a la carta de posibilidades que ofrece la multiplicidad creciente de fuentes informativas.

Petrita Tamayo, que ese era su nombre de guerra, había nacido en San Sebastián en 1928 y allí veló sus armas radiofónicas. Era una mujer guapa, deslumbrante, culta, con sugestiva voz de soprano y elegante seguridad cara al público. Por eso Deglané, gran descubridor de talentos, la subió al estrellato de su programa. Fue, en el 54, la primera «locutora» en merecer un Premio Ondas y, de repente, dejó de ser la estrella de la radio para, en silencio, retirarse a un convento valenciano y profesar como la madre María del Mar. Allí, en la congregación de la Madre de los Desamparados, acaba de fallecer. Su retirada conventual fue una sorpresa y un misterio, uno de los temas más frecuentes en la prensa del corazón de aquello días.

Traigo, al hilo de la actualidad, el ejemplo de la humildad de la madre María del Mar como contraste del soberbio planteamiento de otros trabajadores de su misma empresa. Un jurado compuesto, entre otros, por el director presente y los directores pasados de El País ha concedido el premio periodístico Ortega y Gasset al diario El País por el mérito y el esfuerzo que supone su trabajo de investigación en el «caso Gürtel». Esto, Inés, ello se alaba, no es menester alaballo... que nos decía Baltasar de Alcázar con parecida intención y oportunidad de la que exhiben ahora Javier Moreno, Jesús Ceberio, Joaquín Estefanía y Juan Luis Cebrián. Como en casa, han debido decirse, en ninguna parte. Ignoro si el supuesto estará previsto en el libro de estilo del periódico global.