Yo contra yo

Por ALFONSO USSÍA
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La Argentina es un prodigio. Lo primero que me llamó la atención en mi primera visita a Buenos Aires fue la culta verborrea de los taxistas. Conocían mejor la situación de España que muchos españoles. Pleno invierno austral y no hacía frío, pero todos llevaban abrigo. «Es la forma que tenemos de parecer europeos». Buenos Aires es un ciudad fabulosa, con Madrid y París siempre presentes y muy poco de Roma, pero los porteños son en su mayoría descendientes de italianos. A los bonaerenses les gusta decir que también se parece Buenos Aires a Londres, pero no es verdad. De Londres nada tiene, y en La Recoleta uno se siente en pleno barrio de Salamanca. De cuando en cuando, la perspectiva de una manzana -que allí llaman cuadra- es parisina. Londres sólo se manifiesta en la forma de vestir de la clase alta urbana. Ciudad bulliciosa, milagrosa, culta y seductora. Uno se enamora de Buenos Aires como de una mujer fácil para amarla e imposible para tenerla. Pero a uno le gusta más el país que la gran ciudad, y con preferencia el norte. Salta es Andalucía. Y en Salta, Jujuy, Corrientes, Misiones, Tucumán se escribe y se canta el más bello folclore del mundo. Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Atahualpa, Cafrune, Horacio Guaraní, Falú... la cumbre. En la inmensa tierra argentina se conoce mejor a los naturales que en la gran ciudad, devoradora de voluntades. A pesar de sus políticos, saldrán de la crisis, porque una nación como Argentina no pueden resignarse al desastre, aunque los argentinos contribuyan a la confusión eligiendo a los que han llevado a su país al borde del precipicio.

Y aquí me pierdo, lo reconozco. A estas alturas de mi vida y de mi amor por Argentina, ignoro en qué consiste el peronismo. ¿Es una religión, una teoría, una quimera, una mentira global o un sistema? La Historia no es amable con el peronismo. La síntesis no es otra que el peronismo ha robado lo mismo o más que el resto de las formaciones políticas, sin padecer tanto quebranto en su imagen. El peronista por excelencia es Maradona, y sobra cualquier otro comentario. Perón fue un desastre, y lo que dejó el peronismo, un caos. Pero se ancló en el sentimiento de millones de argentinos magistralmente formados en la demagogia. El retorno de Perón a la Argentina demostró lo poco que era, y entonces los argentinos eligieron a su segunda mujer, María Estella, presidenta de la República, cuando la viuda de don Juan Domingo a lo más que podía aspirar desde su preparación era a llevar con soltura, que no brillantez, una sección de grandes almacenes. Y después el terrible período de la dictadura militar que fue consecuencia del desbarajuste anterior y origen del maremágnum actual. Pero así como a los radicales se les ha castigado, a las peronistas no. Sobreviven. Y compiten. Eso es lo que me tienen que explicar los argentinos que no termino de entender. Cumplida la primera vuelta de las elecciones presidenciales, han quedado para la segunda dos dirigentes, Menem y Kirchner, ambos peronistas. Es decir, que compiten ellos contra ellos, yo contra yo. Menem ha tenido millones de votos, y me asusta la desmemoria de los ciudadanos de ese gran país. Renuncio a calificar la calidad de la desmemoria, porque es mucho mi respeto a la voluntad popular, pero como poco la definiría de decepcionante. Pero así están las cosas. El peronismo, tan cruel para la Argentina y tan beneficioso para sus dirigentes, ha conseguido que Perón compita contra Perón para la Presidencia de la República. ¿Se figuran los lectores a Carrillo y a Llamazares en parecida situación?

Argentina necesita nuevos líderes que no recuerden tantísimos malos pasos. Y sacudirse de golpe los movimientos nefastos para su economía y existencia. Peronista contra peronista. Yo contra yo. Triunfo yo y pierdo yo. En resumen, un monumental desastre.