¿Conjura rojo-separatista?

Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
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HA escrito Javier Pradera, con su habitual desaliño estilístico y su proverbial mala fe, que Jaime Mayor va a liderar desde su puesto en el comité electoral del PP a todos aquellos «que manejan el embeleco de una amenazadora «conjura rojo-separatista»». ¿Piensa acaso el comentarista que este descenso freudiano al lenguaje de las confrontaciones sangrientas puede tener hoy alguna eficacia política? ¿O no se da cuenta de que con sustituir conjura por «pacto», rojo por «socialista» y separatista por «independentista» queda perfectamente definida la realidad a la que se oponen Jaime Mayor y la mayoría de los españoles?

El comentarista no se atreve a hablar directamente del «pacto entre nacionalistas e independentistas» que es la descripción ajustada del peligrosísimo proceso en que estamos y lo intenta disfrazar con la fórmula que utilizaron los de Acción Española y otros propagandistas del franquismo. Pero la torpeza mayor del comentarista es la agresión de contenidos que supone la comparación entre aquella «conjura» y el actual «pacto» ya que las gentes de Acción Española, al manejar aquel término, estaban defendiendo un Estado unitarista y centralista, mientras que Jaime Mayor y la inmensa mayoría de los españoles, al condenar el pacto de nacionalistas y socialistas, defienden un Estado autonómico.

Sencillamente los constitucionalistas no necesitan crear ningún tipo de «embeleco»; les basta con denunciar los afanes de los Maragall e Ibarreche. Por eso el articulista se ve obligado a disfrazar la realidad como si estuviéramos en la España del 36.

Pero es costumbre en este comentarista reducir o rebajar o alterar los contenidos de la discusión para poder salir «airosamente» en sus empeños. No es ciertamente la primera vez (aunque espero que sea la última) que intenta desprestigiar a los que defienden la idea de España, tal como está definida en la Costitución, tratándoles de patriotas desaforados que se alimentan de un españolismo esencialista. Y es que necesita crear este tipo de maniqueos para justificarse a sí mismo y a quienes como él están en una sofisticada traición a la patria, a la realidad histórica de España y al modelo constitucional de la nación. Demasiado sabe el comentarista que en la Costitución no se habla de nación de naciones, sino de nación, nacionalidades y regiones y, por supuesto, de un solo Estado. Y demasiado sabe Pradera que este es el objetivo de lo que él quiere que llamemos «conjura rojo-separatista» y los demás calificamos como «pacto entre nacionalistas y socialistas».

Se puede entender que haya gentes que quieran cambiar la Constitución, que se empeñen en modificar el modelo de Estado: esa es la lucha de los nacionalistas que es una apuesta histórica arriesgada y enloquecida, pero no tan vil como apoyar las pretensiones de aquéllos desde posiciones supuestamente constitucionales, centradas y razonables mientras se falsean las intenciones de los contrarios.

Entiendo que un escritor intente serlo aun cuando no tenga cualidades para ello, pero lo que no alcanzo a comprender es que no se tenga «voluntad de estilo» a no ser en casos como éste en los que se renuncia a la ética. Porque hablar de conjura rojo-separatista para ocultar el pacto de Maragall e Ibarreche, calificar de franquistas a los defensores de la España autonómica y llevar esta polémica a los sótanos de nuestra historia de perseguidos y asesinados es una inmoralidad, una inmoralidad sospechosa. Supone la renuncia doble de a la ética y a la estética, no sólo al estilo sino a la voluntad de estilo.