La congruencia

Dice que le «avergüenza» que se encarcele a opositores... salvo en Irán

Luis Ventoso
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A Jeremy Corbyn, el líder laborista británico, lo están poniendo verde en su país por no haber condenado todavía la ola de represión de estos días en Irán. Van 22 muertos y las calles están tomadas por guardias de élite fuertemente armados. En 2009 la dictadura teocrática iraní ya reprimió otra revuelta. Entonces se trató de jóvenes aperturistas de clase más bien acomodada, saturados de la jaula de los ayatolás. Está vez las protestas han comenzado en depauperadas poblaciones de provincias y se deben a la carestía de lo básico y a la hiperinflación. Una subida del precio de los huevos fue el detonante, pero en las marchas también se denuncia la corrupción rampante del régimen. Además de reprimir las libertades más elementales, la tiranía chií ha sumido al país en el descalabro económico. Por su parte Estados Unidos los acusa de fomentar el terrorismo. El silencio de Corbyn resulta especialmente ominoso, porque se sabe que en su día cobró 20.000 libras como tertuliano de Press TV, una cadena de televisión propiedad del Estado iraní. El canal emitía en el Reino Unido, pero las autoridades británicas le retiraron la licencia en 2012 por las aberraciones que allí se propagaban.

El régimen iraní no solo abrió canales de propaganda en Gran Bretaña. A finales de 2011 lanzó en España la televisión HispanTV, propiedad del Servicio de Radio Difusión de la República Islámica de Irán. Allí cobra y allí emite Pablo Manuel Iglesias Turrión, madrileño mayor de edad, su programa de denuncia política «Fort Apache». En su tertulia, el secretario general de Podemos se dedica a arreglar el mundo con grandes arengas de un marxismo camp. La diana estelar de sus denuncias es su propio país, España, al que constantemente denigra y vitupera. En el golpe de Estado de los xenófobos separatistas del pasado octubre, Iglesias se posicionó del lado de los sediciosos (lo que ya paga en las urnas). Desde la ejemplar plataforma de la dictadura iraní explicó que le «avergüenza que en España haya presos políticos».

Aunque posee cierta inteligencia pícara y buenas dotes oratorias y actorales, siento concluir que Iglesias es un cantamañanas. Y no es un epíteto descortés, sino un sustantivo inevitable para definir a quien critica la excelente democracia española pero calla ante los atropellos de uno de los regímenes más tenebrosos del mundo. Iglesias aplaudía los escraches, pero en cuanto vio en un mitin de Zaragoza a veinte pacíficos vecinos a la puerta del polideportivo, portando banderas españolas, llamó a Rajoy al móvil demandando protección policial. Iglesias, cuyas ofertas sociales bailan en 30.000 euros de una elección a otra, denotando un desacomplejado analfabetismo contable. Iglesias, paladín de la nueva política que se ha abonado de inmediato a la más vieja y roñosa: la purga del disidente. Iglesias, empleado de los ayatolás, el régimen homófobo por antonomasia, que busca votos envolviéndose en la bandera arcoíris. Congruencia cero y faz de hormigón armado. Un tocomocho.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso