Una conducta siempre justa

Por Valentín GARCÍA YEBRA, de la Real Academia Española
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En las páginas 983-985 del volumen cuarto de sus «Obras Completas» bajo el título de «Héroes de nuestros días: Marañón, Pidal, Lapesa», recogió Dámaso Alonso tres breves escritos publicados en 1960, 1969 y 1972. Establece en el primero esta doble caracterización del héroe: «Hay dos maneras de heroísmo: una puede ser la decisión de un sólo instante, del momento final del vivir (...). Pero hay otro tipo de heroismo que se ejerce día a día, minuto a minuto...».

Este segundo tipo de heroísmo es el que, según Dámaso Alonso, caracterizaba a Marañón, a Menéndez Pidal, a Rafael Lapesa.

Este heroísmo de Don Rafael Lapesa se ejerció en dos campos principales: la docencia y la actividad académica. Yo no tuve la suerte de ser su alumno en la Universidad, y sólo desde 1985 fui testigo de su actividad académica. Acudiré, para lo relativo a su actividad universitaria, al testimonio de uno de sus mejores alumnos, Diego Catalán Menéndez Pidal, y para su labor académica antes de mi incorporación a ella, nuevamente a Dámaso Alonso.

En su contribución al homenaje que se tributó a don Rafael con el título «Studia Hispanica in Honorem R. Lapesa», escribió Diego Catalán: «Siempre que he tenido que dotar de perfil humano a todo un conjunto de cualidades con mayúscula, Seriedad, Dignidad, Honradez, Firmeza, Lealtad, Bondad, Delicadeza, Selección, su nombre ha venido a mi recuerdo en cabeza de cualquier otro. Lo mismo sé que les ocurre a cuantos han tenido ocasión de conocer a don Rafael (...). Una exquisita mesura, una prudencia ilimitada, una excesiva fidelidad a sus maestros y a sus compañeros de generación o de trabajo, un desagrado innato por todo acto de exhibicionismo personal han impedido a Lapesa arrogarse el papel de “maestro”. Y, sin embargo, ninguno tan merecedor de ese título como él».

Dámaso Alonso, por su parte, admiraba la dedicación de Lapesa a las tareas académicas. «De las dos imágenes de “Academia-honor” y “Academia-trabajo”, Lapesa se identificó siempre con la segunda. Ningún académico ha contribuido más que Rafael Lapesa a solucionar los problemas de nuestra lengua en la segunda mitad del siglo XX.

»Nadie ha dedicado más trabajo y entusiasmo que él al “Diccionario Histórico” de la Academia, al que durante más de treinta años consagró medio día de trabajo».

Yo estoy en la Academia desde enero de 1985, y puedo asegurar que el cuadro pintado con su habitual maestría por Dámaso Alonso retrata con realismo total al académico Rafael Lapesa también durante los años que él no pudo presenciar. Y me consta que algún académico poco inclinado a renunciar a sus opiniones, solía abandonarlas con gusto si no coincidían con las de don Rafael Lapesa.

La abnegada labor docente y la intensa actividad académcia de don Rafael Lapesa redujeron sin duda la cantidad de su obra escrita, que es, no obstante, muy amplia y de calidad muy alta. Sus trabajos publicados se acercan a los doscientos. Algunos son libros valiosísimos, como la «Historia de la Lengua Española», que, con 690 pgs, está en la novena edición. Si su autor no hubiera escrito ningún otro libro, merecería, por esto sólo, un puesto de honor entre los estudiosos de nuestra lengua. Pero escribó también, entre otros, «La trayectoria poética de Garcilaso», «Los decires narrativos del Marqués de Santillana», «La obra narrativa del Marqués de Santillana», «De la Edad Media a nuestros días», que entre los cuatro, suman más de mil páginas.

Además de éstos, tengo en mi biblioteca, casi todas amablemente dedicados por don Rafael, «Poetas y prosistas de ayer y de hoy», «Veinte estudios de Historia y Crítica literarias», «Estudio de historia lingüística española», «Garcilaso: Estudios completos», «De Ayala a Ayala», y los dos volúmenes de «Léxico e Historia». Entre todos ellos más de 1.500 páginas.

Todas las publicaciones de don Rafael Lapesa son prolongación eficacísima de su ejemplar actividad docente. En su conducta como maestro y en la valía de sus escritos veía Américo Castro, que fue uno de sus venerados maestros, «una feliz combinación de rigor técnico, de inteligencia sagaz y de persuasiva llaneza». Esta triple y feliz combinación inspiró tres versos exactísimos del poema de Jorge Guillén a «Rafael Lapesa»:

Este varón cordial

Se ahínca en su tarea

Con esfuerzo sin gesto, sin alarde

Y como, según Dámaso Alonso, «héroes existen muy pocos», citaré también los dos primeros versos del mismo poema:

Nada más peregrino

Que una conducta siempre justa