¿Cómo responderá Europa a Obama?

DARÍO VALCÁRCEL
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ANTEAYER en West Point el presidente Barack Obama reiteró sus objetivos de Marzo para Afganistán: interrumpir, desmantelar y vencer a Al Qaeda, e impedir su retorno a Afganistán o Pakistán. «Para que haya seguridad en nuestro país, decía Obama en la academia militar, necesitamos una estrategia que funcione a ambos lados de la frontera. Los costes de la inacción son muy superiores».

El general jefe de Estados Unidos en Afganistán, Stanley McChrystal, envió un memorial en Agosto al secretario de Defensa, Robert Gates. Con cuatro argumentos: primero, en Afganistán no todo está perdido, ni mucho menos. Segundo, la volatilidad de la etnia pashtum hace pensar que no hay alianza estable. Tercero, cambio estratégico de 180 grados para las fuerzas americanas y sus aliados europeos. Y cuarto, nadie ha descubierto cómo hacer guerras sin apenas soldados, como pretendió el anterior secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. No se le mencionaba por su nombre, pero era evidente. Obama desplegará más de 30.000 soldados para reforzar a los 68.000 en suelo afgano, a los que se añade la fuerza aliada, 39.000 hombres. McChrystal pedía 40.000 más. Es un modo de reconocer su petición. Los aliados europeos están en una encrucijada. ¿Cómo contestaran?

La estrategia diseñada por el secretario de Defensa, Robert Gates, el consejero de seguridad de la Casa Blanca, general James Jones, el comandante en Oriente Medio, general David Petreus, y por su subordinado, McChrystal, aspiraría a controlar ocho o diez ciudades para demostrar a medio plazo la capacidad de asegurar un orden en Afganistán. Una parte no menor de los afganos teme a la dictadura talibán más que a los soldados americanos. Los instructores de ISAF necesitan avanzar deprisa en el adiestramiento de la policía y el ejército.

Los 140.000 soldados dependerán del acuerdo entre Estados Unidos, Afganistán y Pakistán. Washington se compromete a (1) ayudar a Pakistán en su triple crisis de energía, agua y finanzas; (2) apoyar las reformas generadoras de empleo y crecimiento; y (3) ayudar a combatir en su terreno a Al Qaeda y a la amenaza talibán.

Quizá la decisión de Obama haga reflexionar un poco, sólo un poco, a los creyentes en la reducción lineal. Peligrosamente, el cerebro humano tiende a veces a pegar fáciles etiquetas. Es un mal ejercicio: el que no está con nosotros está contra nosotros. Obama parece decidido a enfrentar la realidad lejos de la tendencia reductora. El presidente y su equipo buscan la información para analizarla con colaboradores a veces lejanos. El presidente decide, solo, en el despacho oval. Se han escrito grandes lugares comunes sobre la soledad del poder. Pero recordar lo transmitido anteayer a los cadetes de West Point no es inoportuno. Los cadetes se entrenan para luchar. Algunos mueren en la lucha.

Pakistán vive preso de su obsesión, India, a la que todo se supedita. El conflicto de Cachemira no es el principal sino el único problema que atormenta desde 1948 a los gobiernos paquistaníes. Una pequeña parte del ejército de Islamabad se ha dirigido al oeste, al valle de Swat. Pero el 90 por cien de la fuerza paquistaní se mantiene al este, en Cachemira. India surge en este siglo como una poderosa nación de naciones. De septiembre 2008 a septiembre 2009, su PIB ha crecido un 7,9 por cien. Hace tres años, grandes empresas privadas llegaron a un acuerdo con el gobierno de Manmohan Singh. Nueva Delhi ofrecía idénticos salarios a los investigadores, ingenieros electrónicos, médicos o jóvenes financieros indios que terminaban su formación en América. El regreso alcanzó cifras inesperadas. Millares de cerebros refuerzan la democracia emergente en India, cuya activa clase media roza ya los 400 millones. Pakistán, al oeste, es casi un estado fallido, vigilado desde hace 60 años por su clase militar.