Como oveja en medio de lobos

La Iglesia debe empezar por evitar la compañía de lobos que sólo desean tergiversar sus palabras

Juan Manuel de Prada
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El Papa Francisco acaba de aceptar la renuncia del cardenal o depredador emérito McCarrick, que no era, como pretenden los medios de adoctrinamiento de masas, un «pedófilo», sino un sodomita todoterreno que, de vez en cuando, lanzaba también sus garras a menores. La Iglesia, si en verdad desea atajar la plaga que la infesta, debería empezar por no dejarse acunar por las consignas mundanas, que a la vez que lanzan su anatema contra la pederastia exaltan modelos de vida que constituyen su vivero natural.

Un amigo psiquiatra que ha tenido que prestar sus servicios en diversas causas eclesiásticas vergonzosas me contaba que en los seminarios de muchas diócesis estadounidenses no se admitió durante décadas a ningún postulante que no probara

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