Comienzo «Inmejorable»

Por A. M. C.
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Hace 80 años, exactamente el 19 de noviembre de 1921, se abría la temporada del Teatro Real con este mismo título wagneriano. ABC ha querido recordar aquí algunos fragmentos de cómo la crítica reflejó, en este mismo periódico, el último estreno de «Pársifal» (en versión escenificada) que se vio en Madrid.

«Con excepción del simpático y popular Kirchoff, que, naturalmente, hizo el Pársifal, y de manera estupenda por cierto, los demás eran desconocidos para la concurrencia: Elena Wilbrun, que encarnó muy bien la Kundry; el barítono Germán Weil, que dio al Anfortas relieve en la figura e interés en el gesto y en la dicción; el bajo Carlos Braun, cuyo Gurnemancio fue notabilísimo, consciente de la importancia que la leyenda da al personaje que representa, y Germán Eck, que da al papel de Klingsor la expresión tétrica que requiere. En todos ellos hay que admirar, sobre todo, el perfecto estudio que han hecho de lo que representan, el espíritu que ponen en la encarnación de las figuras, la actitud, el gesto, los detalles, en fin, que de lo ficticio hacen la realidad misma con sus intensas emociones.

En lo estético y en lo plástico llegan a producir la sensación de la escultura y la pintura palpitantes, y como a este alarde de arte soberano se une la grandeza melódica e instrumental de la música, dócilmente sometida a los movimientos de la batuta suaves en la celestial escena de la Consagración, rígidos y enérgicos en el diálogo de Klingsor y Kundry, nerviosos y apasionados en la tentativa de seducción de Kundry a Parsifal, del maestro León Blech, en quien advirtió el auditorio autoridad de gran director y entusiasmo de fiel intérprete de Wagner, comprenderá el lector que no asistiese a la solemnidad que el aplauso fluyese espontáneo, unánime y caluroso a la terminación de las tres jornadas, y que maestro y ejecutantes saliesen repetidas veces al proscenio a recibir el homenaje merecido...»

«Es justo decir que los coros mixtos también mostraron disciplina, y en las escenas finales de los actos primero y tercero contribuyeron al feliz éxito del conjunto...».

«El comienzo de la estación de ópera puede, pues, calificarse de inmejorable».