El contrapunto

Cobarde muñeco roto

Ningún político sobrevive a un ridículo como el protagonizado por Puigdemont con su espantada en Estrasburgo

Isabel San Sebastián
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Entre la humareda de una investidura de Pedro Sánchez que empieza a oler mucho a tongo (no hay más que ver el CIS) y otra ya fallida en Murcia para vergüenza de Vox y Ciudadanos, ha pasado prácticamente desapercibido el bochornoso espectáculo protagonizado el pasado martes por el prófugo Carles Puigdemont en la frontera entre Bélgica y Francia. Una espantada a medio camino entre la ópera bufa y el esperpento, no por anunciada menos estigmatizante. Un ridículo sin paliativos al que no hay político que sobreviva.

El «expresident» con ínfulas de líder histórico y aspecto cada vez más parecido al de Chaplin en El gran dictador ya había dado pruebas sobradas de su cobardía. Huir escondido en el maletero de

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