Un chollo para el PP

M. MARTÍN FERRAND
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MÁS de una de las ministras amuñecadas que se gasta José Luis Rodríguez Zapatero son de alipori. No quiero decir con ello que muchos de los ministros de tan errático Gobierno sean mayores que ellas en edad, sabiduría y dignidad; pero disimulan mejor y no inducen al oprobio de la vergüenza ajena que tiene amustiados a los clásicos de la militancia socialista. La derecha tampoco luce con singular talento. Esteban González Pons, por ejemplo, se equivoca cuando pide la dimisión de la ministra de Cultura, la evanescente Ángeles González-Sinde. Es cierto que su proyecto de censura para Internet sobrepasa las líneas del más rancio totalitarismo y que es propio de chinos y cubanos; pero, ¿puede haber mayor chollo para un partido de la oposición que un Gobierno formado por personajes y personajas de tanta endeblez, sectarismo tan evidente, ignorancia latifundista y tan escasamente democráticos en sus planteamientos?

Lo que no sería justo es decir que el Gobierno se viene abajo o empeora. Lo que ocurre es que ha agotado su capacidad de disimulo y hasta los menos avisados son capaces de percibir que el responsable de Exteriores, como acredita el «caso Haidar», no sabe muy bien por dónde se anda. Debates artificiales y superfluos, como el del crucifijo en las escuelas, demuestran una escasez intelectual de mayor cuantía y son prueba de un sentido perverso de la política. No por su contenido, sino por su intención de forzar la reflexión en direcciones contrarias a las que exige el momento político y económico que sufrimos. Mientras el electorado se enzarza en discusiones accesorias, del aborto al crucifijo, no se enfrenta a la realidad social del paro y a la política del descoyuntamiento de la Nación y de las instituciones del Estado; como es el caso, entre risible y desesperante, del Tribunal Constitucional.

La situación es insostenible. Mientras nuestros socios en la UE comienzan a salir de la crisis, nosotros seguimos sumergiéndonos en ella y buscando cataplasmas que la alivien, como el último invento de la vicepresidenta que no manda, Elena Salgado, que predica el retraso de la edad de jubilación para sostener el sistema. Paridas. Bueno será aprovechar el puente que ya está en marcha, y que no nos podemos permitir, para serenar los ánimos y, sin pretensión electorera alguna, buscarle remedios drásticos a los grandes males que amenazan a la Nación y al Estado.