La chiribita

Después de tantos funerales, la amargura de explicar a una sociedad desentendida su desamparo de troyanas errantes

Ignacio Camacho
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Para Consuelo, Cristina, Teresa y tantas otras

Son veinte años de soledad, el alma calada bajo la lluvia en tantos funerales, la mirada oblicua de los convecinos en los hoscos pueblos del norte profundo, el miedo de bajar la basura o de ir a jugar con los niños al parque. Y son muchos más años de viudez, de orfandad, de silencio, de ausencias clavadas como puñales, de vidas rotas de madres que perdieron a sus hijos y de hijas que se quedaron sin padres. Los timbres del teléfono de madrugada, el pellizco de zozobra en cada salida a la calle, el aislamiento social en las manifestaciones, el reproche o la desconfianza a su desafío de coraje, la incomprensión

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