Cheroqui no es militar

ANTONIO BURGOS
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ME niego a dos cosas, a las que todos deberíamos negarnos, por el bien de la libertad, de la democracia, de la Constitución y siga usted poniendo conceptos nobles de los que esta gentuza de la ETA no conoce:

1. Me niego a escribir como Txeroki el alias del delin-cuente apodado Cheroqui, como la tribu india. Me niego porque por las tardes no tomo txocolate con txurros, sino chocolate con churros. Y porque como estamos en crisis no espero que estas Pascuas me regale nadie un jamón con txorreras, en todo caso será con chorreras. Pero me quedaré con las ganas, porque en el mejor de los casos tampoco me mandarán un txorizo, sino tal vez un chorizo, que es como se escribe en castellano el sonido «ch», joé, no con este grupo consonántico «tx» ajeno a nuestra hermosísima lengua, que nos han impuesto los etarras e islas adyacentes dentro de la batalla del lenguaje, que llevan ganada desde tiempos del Rege Carolo gracias a nuestro entreguismo.

2. Y me niego a seguir cayendo en la trampa de utilizar desde la democracia el lenguaje de los que quieren terminar con ella poniéndonos una pistola en la nuca. Dicen que ha «caído» el tal Cheroqui y que el tal Cheroqui era el «jefe militar» de la ETA. No, mire usted: caído es el que muere en defensa de una noble causa, no un asesino en busca y captura al que detiene la Guardia Civil. En Francia no ha caído nadie más que los dos guardias civiles que fueron asesinados en Cap Breton por esta pandilla de mamones con pistola, ésos sí que fueron caídos. Y de jefe militar, nada. Para mí jefe militar es bien un comandante, un teniente coronel o un coronel de los Ejércitos, que ha ascendido desde oficial y aún no ha llegado a oficial general. Es muy noble la palabra «militar» y muy de gente de honor el oficio de las armas como para que, porque estos pistoleros la usen de ellos con ellos y con sus cómplices y encubridores, se la apliquemos también nosotros. No se dan cuenta de que les estamos dando la razón al proclamarlos jefes militares de una estructura castrense. Hay que repetir una vez más que aquí no hay más estructura militar que la de nuestras Fuerzas Armadas. Decir que el tal Cheroqui era el supremo jefe militar de la ETA es ponerlo a la altura de Su Majestad El Rey, comandante general de las Fuerzas Armadas, y hasta ahí podíamos llegar. Pero es que además aclaran que este Cheroqui era también jefe de la «logística militar» de la ETA. Vuelvo a lo mismo: logística militar es un honorable Cuerpo del Ejército de Tierra, la antigua Intendencia de toda la vida, vamos, la del sol en el cuello de la guerrera. Y me niego igualmente a decir que Cheroqui era jefe de comandos. Vamos a dejarnos de comandos, que me suena a los tebeos de «Hazañas Bélicas», encima una americanada. ¿Qué comando ni comando, y menos de la ETA? Vamos a dejar los comandos para las películas de la Segunda Guerra Mundial. Eso en castellano se dice cuadrilla de bandoleros.

Por mucho, pues, que hayan detenido (que ya era hora) al jefe de los pistoleros, Mikel Garicoitz Azpiazu, hasta para comentar su captura hay que negarse a usar el lenguaje de este bestia que aparte del mote de Cheroqui tenía un nombre más incomprensible todavía: Garikoitz. Eso de Garikoitz, ¿qué es? ¿Un apellido o un nombre de pila? Lo de Azpiazu sí me suena. Hay aquí en Sevilla un cantaor que se llama Tomás Azpiazu, que es como el doble o sosias de Luciano Pavarotti, pero que no vean lo bien que canta las sevillanas, pues desde su obesidad deja las arias para las marcas de mantequilla.

Y hay que evitar con sumo cuidado entrar al trapo de este lenguaje, como todos estamos entrando, porque cualquier cosa menos hablar el idioma de los enemigos de la Constitución. Entre los papeles que le han trincado al Cheroqui estaba la orden que dio a sus pistoleros cuando les mandó que asesinaran en Don Juan Carlos en Palma de Mallorca. Menos mal que a esta papela no la han llamado «orden de plaza», que podría ser, tras la degradación del lenguaje militar al uso. ¿Y saben cómo terminaba el mocito la orden escrita? Pues ponía: «¡Aúpa vosotros kaguendiox!». Hay que ser imbécil para blasfemar en esa aljamía. Así que éste no es de los aguerridos indios cheroquis. Este, en todo caso, es de los siux. De los siuputas de la ETA.