Castizos

HERMANN TERTSCH
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¡Hay que ver lo castizos que somos! Creo que cada vez más. Y sólo es una aparente paradoja que se debe al sentimentalismo y a la torva simpleza del izquierdismo carpetovetónico. Considero un perfecto fracaso el esfuerzo de la Real Academia por definir el término. Dice la RAE que castizo es: 1. «poseer los caracteres peculiares y típicos de un lugar, una raza o una actividad». 2. [Lenguaje] puro, sin mezcla de rasgos o vocablos ajenos a él. graciosa y ocurrente, en especial aplicado a madrileños y andaluces. Con todos los respetos a la RAE: ¡Quiá! Casticismo es Bermejo. Quien le ha visto de caza, puede casi imaginar cómo se comportará en una boda. Casticismo son las camisas negras de Tardá, Puigcercós, del tuneador Benach y su tropa. Casticismo es la palabrería en excursión por la nada que nos derrama en casa a diario por televisión el Gran Timonel. Casticismo son los lloriqueos de Ibarretxe, la blanda maldad calculada del nuevo rico de Touriño o del califato de Chaves, en el que está permitido ser gracioso y ocurrente pero decretado ser dependiente y prohibida la iniciativa, es decir la libertad. Castizos son esos horteras repeinados que han engordado retozando en las sentinas del PP, rodeados de gentuza que no cree en nada más que en su glotonería grosera. Castizos son los que desde su ignorancia, su falta de sensibilidad y honradez intelectual y su sentimentalismo pedestre, nos ofenden día a día. Ayer, Soraya Rodríguez, secretaria de Estado de Cooperación, acusó al estado de Israel de «cometer 1500 asesinatos». Lo de menos es la crisis que pueda generar con Israel. Tampoco importa que se le note, como a su jefe, el antisemitismo primitivo de la izquierda española. Ni que no sepa nada de la cultura de defensa que quizás necesitemos nosotros pronto. Lo peor es la villanía de lanzar semejantes mentiras desde esa atalaya del «somos muy nuestros». Castiza.