El caso de los espacios menguantes

«En el espacio menguante la tentación de saltarse las normas es constante. El pez grande persigue al chico. Los de similar tamaño se vigilan. Es el temor, base de la prudencia, lo que salva la paz. Y es por esto que no podemos renunciar al claro mensaje de que estamos dispuestos a defender nuestra forma de vida, de que mantendremos la unidad más allá de fruslerías ideológicas de menor calado o del electroencefalograma plano del dirigente de turno»

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La primera ley de la globalización contradice las leyes de la física. Sostiene que este planeta ha encogido en el tiempo. Y se apoya en pruebas irrefutables, ¿cómo se explicaría, de lo contrario, que mientras que Elcano dedicó tres años a la primera vuelta al mundo, los protagonistas de la novela de Julio Verne tardasen solo 80 días, o que hoy llegar a Australia sea cuestión de 24 horas? El corolario de tal primera ley lo constituye la «tesis de los espacios menguantes», que trata de explicar las tensiones geopolíticas de nuestro tiempo, aunque no todo ocurra de manera simétrica ni totalmente coherente. Sostiene ésta que a menos espacio más interacción. Algo inevitable. Pero, a su vez, que a más