CARTAS AL DIRECTOR

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La educación

Me da pena la forma de proceder de la sociedad española. Recientemente leí: «Imputada la ex concejala de Medio Ambiente (máxima responsable del Plan de Extinción de incendios por el incendio de Guadalajara. Doce miembros de un retén murieron en el siniestro. El incendio arrasó 12 hectáreas de pinar en la comarca del alto Tajo en el verano de 2005». La pregunta que salta a la palestra es: ¿qué habría ocurrido si estos lamentables sucesos se hubiesen producido durante el Gobierno anterior? ¿Cómo habrían sido calificados el presidente y los ministros? ¿Qué habrían hecho los pegatineros, los del Nunca Mais, los titiriteros...?

Últimamente los medios de comunicación informan poco de las subidas constantes e precios. Hace años había una subida de los carburantes y las colas en las gasolineras eran interminables, pues tenían un fuerte eco en los medios. Ahora estamos sufriendo subidas paulatinas y nadie protesta, y no hay colas interminables. ¿Qué le sucede a la sociedad? ¿Nadie se ha dado cuenta, o es que los medios afines al Gobierno no se enteran?

No se puede ser un perseguidor demagógico y un manipulador constante de la verdad, pues el ambiente se deteriora. No debemos ser desmesuradamente radicales e irresponsablemente agresivos, ya que el sectarismo se ha hecho un hueco en la sociedad. La sociedad lo está haciendo tan mal que no se puede permanecer con los brazos cruzados, ni siquiera para pedir perdón. El origen de todo lo que le sucede a la sociedad hay que buscarlo en la educación. Ya lo decía Confucio: «Donde hay educación no ha diferencia de clases».

Antonio Ramírez Díaz

Granja de Torrehermosa (Badajoz)

Lo legal y lo moral

Los comportamientos pueden ser atinados o desatinados; beneficiosos o dañinos.

Pero que un político apruebe y publique leyes que abocan a conductas perversas ya es motivo de daño y escándalo social. Además, los débiles son los más perjudicados por esos atropellos. Si en uso de la libertad surge la objeción y la rebeldía, habrá que pasar por los complicados trámites de que uno consiga hacerse oír y hacerse respetar ante la amenaza de un aplastamiento moral por parte de este abusivo poder político. Siempre me ilusionó vivir en el compromiso de leyes justas que ayuden a la persona a vivir en el sentido trascendente de la vida. ¿Es mucho pedir?

Milagros Adiego Langarita

Zaragoza

Falta de confianza

En los últimos años Zapatero ha emprendido una serie de iniciativas políticas de importancia en las que ha tratado de transmitir a los ciudadanos optimismo, sonrisas y confianza. Sin embargo, muchas, por no decir todas, las acciones importantes, han fracasado: no estamos hoy mejor que hace un año en relación con el terrorismo de ETA, las tensiones nacionalistas se han agudizado, afectando incluso a la cohesión del propio PSOE en Cataluña, y la situación económica se está deteriorando a pasos agigantados. Todo esto ha dado lugar a un problema grave que afecta a las expectativas de particulares y empresas. Opino que existe una desconfianza muy importante en la acción del Gobierno de Zapatero. Cuando nuestro presidente afirma que el sistema financiero español es el mejor del mundo, o cuando dice que España está muy bien preparada para afrontar la crisis, ya nadie le cree o, como mínimo, sus afirmaciones se escuchan con escepticismo. Han sido tantas rectificaciones, tantos errores en los diagnósticos y tantos actos de fe fallidos los que Zapatero ha pedido a los españoles que ya no transmite confianza ninguna. Su discurso de ingenuo optimismo sin fundamento está agotado, y lo que los ciudadanos queremos es un Gobierno que acierte en sus diagnósticos, que nos cuente la realidad tal cual es, aunque ésta sea gris, y que elabore políticas de Estado con las que nos transmita la confianza de que los problemas se están atacando con decisión. Esto, me temo, es lo que le falta a Zapatero. Los españoles miramos con miedo al futuro, no sólo por cómo pinta el futuro en sí, sino porque no percibimos que exista un Gobierno de ideas claras y con una estrategia decidida.

Es lo que hizo Alemania y es lo que empieza a hacer Estados Unidos.

Roberto Menchén del Cerro

Tres Cantos (Madrid)

Economía y mercado

Mi abuelo paterno era un albeite gallego que recorría los mercados de ganado para dar fe de la salud de las reses. Por entonces yo tenía doce años y le acompañé al mercado en un par de ocasiones. Me impresionaban los tratantes, con sus blusones negros y las tijeras para poner su marca, su habilidad para embaucar a los clientes, y la ley no escrita que regía el comportamiento entre colegas. Deseando descubrir el secreto de un mundo que me atraía, un día le pregunté a mi abuelo qué era el mercado, y él me dijo: «Es un sitio donde se compra y se vende, se engaña y se miente». Pasado el tiempo, me harté de oír a los políticos ensalzar las excelencias del mercado. Nuevo «dios» de la economía al que adoran liberales y mercachifles de todo tipo. Y no pude dejar de recordar a mi abuelo y su definición.

Uno es hombre paciente, y la edad nos colma de indulgencia y mansedumbre hacia el prójimo. Pero criticar a EE. UU. por su intervención en la crisis de los bancos hipotecarios por parte de algunos políticos españoles es de una osadía tal que suena a broma. Los EE. UU. son la máxima expresión del capitalismo moderno.

Antonio de la Torre Junquera

Madrid

«Lluvia»

Y bajó la Reina Sofía hasta Rute desde la Corte madrileña, para apadrinar a un borriquillo llamado «Lluvia». La ilustre dama, sensible hacia el arte, la música, el amor a los animales y la ayuda para los necesitados, dio un beso a su «ahijado» en un gesto de ternura. Yo, como ciudadano de una nación en la que se respetan poco los derechos de los animales, donde se les maltrata, no tengo nada más que aplaudir tan bello gesto con una raza que está en extinción y se siente muy amenazada.

Cayetano Peláez del Rosal

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