Los fichajes de Rivera

La cara de vidriagón

Hughes .
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Cuando Garrido entró en la sede de Ciudadanos (enorme por cierto), de cada una de las diferentes alturas del edificio salieron personas a aplaudirle con un entusiasmo digno de la China Popular. Lo acompañaban del grito corporativo «Vamos Ciudadanos, Vamos Ciudadanos». A Garrido le sujetaba la mano un triunfal Aguado, como si le acabara de arrebatar el título nacional de lanzamiento de huesos de aceituna a Teodoro García Egea. Era más que la presentación de Mbappé, era como si los Lannister hubieran arrebatado del vientre de su madre al heredero Stark y ahora lo dejaran a los pies de la reina Cersei. Querían imitar la euforia de un batallón cuando se apodera de la bandera del enemigo. Pero... solo era

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