En cancha amiga

El formato ayudó a Sánchez, escamoteando el debate catalán hasta la medianoche

Luis Ventoso
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El refrán sostiene que «segundas partes nunca fueron buenas». Pero no es necesariamente cierto. Ahí está «El Padrino 2», donde Coppola tentó un doble salto mortal, cruzando historias y tiempos, y salió airoso filmando la que para muchos es la mejor entrega de su trilogía. Esta vez no cayó esa suerte. El formato elegido -periodistas de parte preguntando a los candidatos- sesgó el debate y lo convirtió a ratos en un correcalles (por no hablar de la árbitra de filias al rojo vivo, que planteó varias preguntas que eran directamente salvavidas lanzados al rescate de un atribulado Sánchez). La manipulación de la velada llegó al extremo de que a las doce menos cuarto de la noche, con parte del público

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