Vidas ejemplares

El cabreo de Doña Manuela

Lo sano sería que gobernase el ganador, sí. Pero siempre

Luis Ventoso
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Manuela Carmena encarnó en su pobre etapa como alcaldesa lo que podríamos definir como sectarismo de modales exquisitos, o intransigencia en guante de seda. Nunca perdió el amable tono de una abuela bien educada y de posibles. Pero en la práctica se dejó mangonear por una tropa de extremistas que le llevaba el día a día, con radicales como su concejala Rommy Arce, cuyas majaderías desbordaban hasta los estrafalarios parámetros podemitas. Doña Manuela y su equipazo no supieron hacer ni lo elemental (limpiar las calles y ejecutar el presupuesto). La exalcaldesa también falló en lo trascendente: carecía de una visión para Madrid y lo iba disimulando con ocurrencias, eslóganes progres huecos («welcome refugees», para luego no atenderlos y emplumárselos a

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