SE BUSCA JEFE

Por José Manuel COSTA
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«Nombramiento para presidente de la BBC», así reza el anuncio de empleo contratado por el Ministerio de Cultura británico en tres grandes dominicales. Sí, en ese país el formalismo sigue siendo supremo y los reglamentos para la designación de según qué altos ejecutivos de empresas paraestatales, exigen un procedimiento que, en pura apariencia, pone un puesto de casi 120.000 euros al año (por cuatro días de trabajo) al alcance de cualquiera.

En realidad, al presidente de la BBC le nombra la Reina a propuesta del Gobierno. Y éste nombra tradicionalmente a quien le viene en gana. Es posible que algunos cientos de ilusos envíen sus CV´s al Ministerio, pero es seguro que su titular, la superblairista Tessa Jowell, no va a estudiar ninguno de ellos.

En otros tiempos la presidencia de la BBC era una poltrona complicada pero que conducía directamente al más alto nivel del Estado y a un nombramiento nobiliario importante. Sin embargo, ese trono se ha recalentado en los últimos tiempos de manera notable, hasta parecer más una silla eléctrica que un cómodo sofá Chesterfield.

El presidente entrante heredara del dimisionario Gavin Davies una BBC francamente desconcertada tras el informe Hutton y en la que se ha producido una quiebra interna entre sus empleados y el consejo de gobernadores tras haber aceptado éstos la dimisión al director general, Greg Dyke. Se enfrenta además con la revisión periódica del estatuto de la corporación, debe reafirmar al mismo tiempo su independencia y habrá que dirigir el nombramiento de un próximo director general (cargo que también se anunciará en los periódicos). No es poco. Parecería que en estas condiciones el cargo resulta menos goloso, pero así y todo los candidatos abundan. Podría ser la baronesa de Paddington, hija del premier Callaghan y que trabajó en la casa como periodista. O quizás el siempre a punto Michael Portillo, quien una vez abandonada la política parlamentaria podría regresar a la política por esta vía. Aunque tal vez el más popular fuera David Dimbleby, miembro de la más asentada familia de periodistas televisivos y que a primera vista es como una destilación humana del espíritu de la BBC. Desde luego, en los tiempos que corren, hace falta alguien que porte la llama de ese espíritu.