Al borde del suicidio patrio

Leer y viajar no solo cura el nacionalismo, sino el victimismo que aumenta a medida que crecemos en progreso y bienestar

Isabel San Sebastián
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El territorio de los afectos, sin duda el más importante de cuantos transitamos a lo largo de la vida, me regaló el viernes pasado un reencuentro inesperado con una amiga de la infancia. Una mujer francesa que ha recorrido el mundo y residido en varios países de Europa y Asia. Hacía muchos años que no venía a Madrid, me dijo, y se había quedado gratamente sorprendida por la alegría de una ciudad acogedora, luminosa, repleta de lugares apetecibles para visitar y de gentes encantadoras. Contemplaba España con ojos cargados de admiración por el cambio experimentado en las últimas décadas, e incluso mencionó a una sobrina suya que se ha instalado a vivir aquí y tiene toda la intención de quedarse.

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