BCN blues

Por IGNACIO CAMACHO
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BAJO la cúpula del restaurante unas parejas hacen manitas en la noche de San Valentín sobre unas mesas adornadas con flores. El comensal, un nacionalista moderado, ha pedido un aperitivo de cava para brindar con un guiño cómplice. A pocas decenas de metros, el gótico reinventado de Gaudí le disputa la línea del cielo al inmenso falo de colores de la torre Agbar, el nuevo emblema arquitectónico de la autosatisfecha Barcelona del Estatuto.

«¿Qué, has venido de safari? Pues somos piezas difíciles de cazar... Mira, estuve escuchando a Rajoy en el Círculo Ecuestre, que no es precisamente un sitio muy combativo, digamos que el núcleo duro del empresariado más convencional, y le hicieron prometer que moderará las formas, aunque él insistiera en que se seguirá oponiendo al Estatuto. Pero si es listo, y lo es, habrá captado el mensaje, que es el de que aquí hasta la derecha sociológica está irritada con la polémica. Es verdad que muchos creen que es una polémica artificial, inventada por la clase política, y en ese sentido Rajoy ha estado valiente al pedir que digan en público lo que admiten en privado, pero el fondo de la cuestión es que todo el mundo rechaza que se agrande la brecha entre Cataluña y España, o el resto de España. Bueno, no todo el mundo, Carod está encantado, ¿me entiendes?».

«La realidad es que el pacto entre ZP y Mas ha tranquilizado mucho a la burguesía catalana, y eso le pone las cosas muy difíciles al PP. Ahora mismo, si Rajoy ganase las elecciones por poca diferencia, como apuntan las encuestas, iba a tener muy difícil encontrar a CiU para pactar, yo diría que imposible. En Madrid estarán entusiasmados con el resultado de la estrategia dura, pero aquí las firmas han sembrado mucho cabreo. Yo creo que deberían meterle una inflexión al discurso, defender que el Estatuto se ha moderado gracias a sus denuncias y sus quejas; lo que está claro es que nadie va a aceptar que todo está quedando igual que salió del Parlament, sencillamente porque no es verdad».

«Escucha, yo soy empresario, soy catalanista, no comparto los delirios de ERC, pero el PP ahora mismo a mí no me representa. Y creo que a la mayoría de mis colegas tampoco. Algunos lo han votado en las generales, y ahora tengo dudas de que lo vayan a hacer de nuevo. ¿La polémica lingüística? Hombre, en Barcelona no se nota, hay un bilingüismo fluido. En la Cataluña inmigrante hay problemas, sobre todo en la sanidad y en la educación, y gente empeñada en que los haya, sí, pero la mayoría de nosotros no lo vemos como un conflicto grave y en cambio hay una percepción de que pagamos mucho y recibimos poco. Ésa es la clave, porque la gente entiende lo del dinero, no te olvides que somos catalanes, jajaja. Y el resto se ve más bien como un lío de los políticos, incluidos los nuestros, claro. Mira a tu alrededor: ¿tú crees que esos tortolitos que están aquí cenando a cien euros el cubierto están muy preocupados por el Estatuto y por Maragall?...».