Blanquear a los embajadores de la capucha

Canjear bonos navarros a cambio de instalar sus reales en Castilla y León dice tanto y malo de Pedro Sánchez como violenta el recuerdo de la sangre derramada, de las víctimas corajudas ante la cobardía del pistolero

Agustín Pery
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Es tan plausible como repugnante. Un bofetón a esa memoria que parece pesar menos en el sanchismo, espero que no en el socialismo, que la murga franquista. Canjear bonos navarros a cambio de instalar sus reales en Castilla y León dice tanto y malo de Pedro Sánchez como violenta el recuerdo de la sangre derramada, de las víctimas corajudas ante la cobardía del pistolero. Esos, también muchos socialistas, que cortaron la cabeza a la hidra etarra. Enterrado Rubalcaba con canonización incluida, uno comprueba la verdadera jaez del inquilino monclovita. Negociemos pues sobre y no en nombre de nuestro muertos. Dejemos que avance el matonismo independentista allí donde nos sea beneficioso. Blanquear a los embajadores de la capucha con el argumento falaz de evitar el auge de la extrema derecha se antoja indecente porque coloca en un estadio superior a quienes en este país han practicado durante décadas la ilógica de las pistolas. Sucede además que el argumento de atribuirse la condición de farallón contra el fascismo obvia la responsabilidad, enorme, que tiene el sanchismo y sus flirteos con el secesionismo en el advenimiento de esa derecha que tanto les asusta. A otros, que somos raros e intolerantes, nos aterra e indigna mucho más que un partido que exhibe su democrático diálogo sea daltónico a la hora de identificar las líneas rojas: la que debería trazar la dignidad y la justicia.

Agustín PeryAgustín PeryDirector AdjuntoAgustín Pery