Editorial

Las Black, el fin de una época

Este caso demuestra, en primer lugar, que España cuenta con un Estado de Derecho sólido y eficaz, donde los tribunales acaban impartiendo justicia con independencia de la complejidad del proceso y la mayor o menor relevancia de los implicados

ABC
Actualizado:

La ratificación por parte del Tribunal Supremo de la condena impuesta a Rodrigo Rato y otros 63 exdirectivos de Caja Madrid y Bankia por el uso fraudulento de las tarjetas black, cuya cuantía superó los 12 millones de euros, cierra uno de los mayores escándalos financieros de los últimos años y pone punto y final a una de las etapas más negras y ruinosas del sistema bancario español, el relativo a la politización de las cajas de ahorros y sus desmanes. El Alto Tribunal confirmó ayer la pena de cuatro años y medio de cárcel al expresidente de la entidad por un delito continuado de apropiación indebida a través de esas tarjetas, cuyo uso carecía de respaldo legal y se mantenía oculta a Hacienda. Rato, por tanto, deberá entrar en prisión, pero no ha sido el único culpable, puesto que entre el resto de condenados también figuran miembros del PSOE e IU y destacados representantes de sindicatos y patronales.

Este caso demuestra, en primer lugar, que España cuenta con un Estado de Derecho sólido y eficaz, donde los tribunales acaban impartiendo justicia con independencia de la complejidad del proceso y la mayor o menor relevancia de los implicados, lo cual significa que el que la hace, la paga. Sin embargo, lo más relevante es que esta condena pone fin a los años de dispendios y excesos que protagonizaron las cúpulas de las cajas durante la burbuja, y que, por desgracia, no fue una práctica exclusiva de Bankia, como bien ejemplifica, entre otras, la causa abierta contra Narcís Serra por el agujero de Catalunya Caixa. Las tarjetas black evidencian que la lucha contra la corrupción ha de ser total y que los políticos deben mantenerse alejados de las entidades financieras.