La batalla por el dividendo de Repsol

JOSÉ ANTONIO NAVAS
Actualizado:

Un año le ha bastado a Luis del Rivero para lavar la cara de Sacyr después de la agonía sufrida con la frustrada venta del 20% que posee en Repsol. El grupo constructor no llegó a un acuerdo con los rusos de Lukoil y su presidente intenta hacer ahora de la necesidad virtud para sacar partido a la gallina de los huevos de oro que representa la petrolera dirigida por Antonio Brufau. La batalla de influencias se ha trasladado esta semana al consejo de administración de Repsol, donde Rivero se ha quedado solo en su intento por conseguir un dividendo equivalente al percibido el año pasado. Entonces la petrolera pagó 1,05 euros por acción pero el mercado está ahora muy crudo y Repsol va a tener que ajustar el beneficio a una cifra estimada en torno a los 1.500 millones de euros frente a los 2.700 contabilizados en 2008.

Desde que asumió la presidencia de la compañía en 2004, Antonio Brufau ha satisfecho los intereses de sus accionistas con una retribución creciente en torno a una media del 15%, pero ahora toca ajustarse el cinturón y de ahí que la dirección de Repsol formule una propuesta para 2009 de 0,85 euros por título. Menos da una piedra, sobre todo si se tiene en cuenta que los resultados van a caer más del 40% y el dividendo sólo lo hará en un 20%.

La Caixa y Pemex, socios ilustres de referencia en Repsol, han hecho alarde de esa inteligencia emocional que consiste en adaptar los deseos a la realidad de cada momento. Sin embargo, Sacyr no quiere ni puede desperdiciar la ocasión para meter presión y asegurar un reparto del pastel que le permita sufragar parte de sus deudas. La constructora se dejó 6.500 millones de euros en su abordaje sobre Repsol pero acumula un pasivo bancario total de 11.500 millones.

Rivero no está dispuesto a pasar las de Caín cuando llegue el momento de renegociar con los bancos y es consciente de que su mercado natural inmobiliario va a seguir más seco que la mojama durante mucho tiempo. Las urgencias de la constructora siguen pesando como una losa sobre el plan estratégico de la petrolera, donde hace tiempo se llegó a plantear incluso la venta de la división de exploración y producción que es ahora uno de los principales negocios de Repsol. Otra posibilidad también rechazada ha sido la paralización de las inversiones en las refinerías de Cartagena o Petronor. Repsol fue hace un año el clavo ardiendo de Sacyr que ahora pretende hacer de la petrolera su tabla de salvación. Todo ello con permiso de Brufau, siempre dispuesto a mostrar cierta sensibilidad ante los gritos de socorro pero nunca al punto de quemar las naves para salvar los restos de un eventual naufragio.