El barco del mal

Atracó el Juan Carlos I y resultó que a los vascos les encantaba

Luis Ventoso
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Supongo que no entraba en los pronósticos de mis padres, pero todos sus hijos coruñeses acabamos casados con vascos (y ahí seguimos, por cierto). Primero fue mi hermana, con un bilbaíno. Luego me tocó a mi, con una donostiarra. Y por fin nuestro hermano mediano, tal vez viendo que el cóctel funcionaba, se casó con una bilbaína. La experiencia de dos décadas largas de esta mixtura vasco-galaica es sorprendente. Lo confieso entre avergonzado y perplejo: no sentimos hecho diferencial alguno, ni con nuestros cónyuges ni con sus familias, a pesar de que lucen apellidos tipo Eguinoa y Barrenechea y a los cortos de cerveza los llaman «zuritos». Cuando voy a ver a mi hermano a Bilbao, una ciudad magnífica, veo

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