Banderas

Por Alfonso USSÍA
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El presidente del F. C. Barcelona, Joan Gaspart, es un autoproclamado forofo culé. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. En su dimensión profesional y privada, Gaspart es una persona inteligente, trabajadora, cordial e ingeniosa, y resumen de todo ello, triunfadora. Aborrece al Real Madrid, como miles de barcelonistas, pero hipocresías aparte, ese aborrecimiento lo comparte con otros tantos madridistas que abominan del Barcelona. En sus declaraciones posteriores al último Real-«Barça», Gaspart yerra y acierta. No fue un robo, como dijo en caliente. El pasado año, en el Camp Nou, Sergi realizó una gran parada con la mano, no se pitó penalti y siguió en el campo. El pasado sábado, tres jugadores del «Barça» en fuera de juego posicional y en línea con la jugada del gol anulado pudieron engañar al árbitro y su auxiliar en la banda. Para mí, que soy madridista hasta las cachas, fue un gol como una casa, y no agradecí la decisión arbitral. No me gustan las injusticias ni en el fútbol. Pero argumentos para el error se dieron, y los árbitros tienen que decidir en segundos.

En sus declaraciones, ya calmado el ánimo, Gaspart acierta plenamente en una situación que se repite en las gradas del Estadio Bernabéu año tras año, y que a mí, particularmente, me indigna. El mal uso, el perverso y estúpido uso que muchos hacen de la Bandera de España cuando el Real Madrid juega un partido contra otro equipo español. Esos idiotas suelen llevar la Bandera de todos a los partidos contra el Barcelona y los equipos vascos. Para justificarse dicen que en Cataluña y las Vascongadas los graderíos se pueblan de señeras e «ikurriñas». ¿Y qué? La Señera catalana y la «ikurriña» vasca equivalen a la bandera carmesí de la Autonomía de Madrid, no a la de España, porque decenas de miles de catalanes y vascos sienten esa Bandera de España lo mismo o más, probablemente mucho más, que los imbéciles que la hacen odiosa a los ojos de otros por su mal uso y exhibición. Otra cosa es cuando el Real Madrid juega en la Copa de Europa como club representante del fútbol español. Entonces sí, cuantas más banderas de España, mejor.

En Madrid, cuando se juega contra el «Barça» o el Athletic de Bilbao, o la Real Sociedad de San Sebastián, basta y sobra con las banderas blancas. Si existe algún apasionado de la cuestión autonómica, está en su derecho de ondear al viento la cosa carmesí con siete estrellas de reciente creación. Sucede que esa bandera a nadie le dice nada, mientras que la Señera y la «ikurriña» sí representan sentimientos y honduras. La bandera de Madrid, en cuyo diseño algo tuvo que ver mi maestro Santiago Amón, parece grímpola de hipermercado o estandarte de Ifema. Luego viene lo del himno, una mamarrachada del maestro Sorozábal hijo con letra de García Calvo que no conoce madrileño alguno. Le brindo al culto presidente de la Autonomía madrileña la idea de adaptar cualquier prodigio de Boccherini, para que al menos, de tener un himno, no nos veamos sometidos al alipori y la vergüenza ajena.

Pero, tiempo al tiempo. Lo inmediato y urgente es denunciar a los cretinos que llevan banderas de España para restregarlas por las narices de los catalanes y los vascos. A eso se le llama separatismo. Si no tenemos en Madrid símbolos autonómicos lo suficientemente arraigados para compararlos con los ajenos, sobran y bastan las banderas blancas. En ese color está el carácter, el sentimiento y la historia del Real Madrid y el Estadio Bernabéu. Lo otro es una necedad intolerable.

De ahí que haya que concederle toda la razón a Joan Gaspart, que es un catalán enraizado y un español convencido. Y sugerir a la Directiva del Real Madrid que en los partidos de la Liga Nacional y de la Copa del Rey, no se permita la entrada al Bernabéu a los energúmenos que humillan a la Bandera de España usándola como símbolo de antagonismo contra otros españoles. Que se retiren las botellas, los objetos contundentes y las banderas, que lo mismo pertenecen al Real Madrid que al Barcelona que al Athletic de Bilbao.