EDITORIAL

El Banco de Inglaterra también avisa a May

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A pesar de la insistente actitud irresponsable de la mayoría de los dirigentes políticos británicos, deberíamos poder esperar que en los apenas cincuenta días que quedan para el momento de la desconexión del Reino Unido con la Unión Europea todavía haya posibilidades de que encuentren una fórmula razonable para que esta no se produzca de forma brusca y sin acuerdo. Hasta ahora todas las advertencias, incluyendo la muy relevante que acaba de publicar nada menos que el Banco de Inglaterra, insisten en subrayar que los efectos de un paso de estas características, un auténtico salto en el vacío, serían catastróficos en todos los sentidos. En cualquier caso, no ha habido nadie, ni siquiera los más acérrimos partidarios del Brexit, que haya sido capaz capaz de enumerar una sola consecuencia positiva para la vida social o para la economía de los ciudadanos británicos de la ruptura sin acuerdo. Y sin embargo, el Gobierno conservador, sus aliados norirlandeses y la oposición laborista siguen empeñados en una discusión estéril, a pesar de que todos ellos pueden ver cómo su país se dirige inexorablemente hacia ese punto de colisión sobre el que todos los actores económicos les advierten.

Proponer el referéndum sobre el Brexit fue una mala idea, celebrarlo, aún peor; que se movilizasen más los partidarios del egoísmo nacionalista que los de la permanencia en la UE una catástrofe. Pero la gestión de las negociaciones que ha llevado a cabo Theresa May puede considerarse como un ejemplo de irresponsabilidad y falta de visión. No se puede decir nada mejor de la actitud de la dirección laborista, que no se ha dignado a dialogar con el Gobierno sobre el Brexit hasta esta misma semana. Las advertencias ya están hechas, cuando lleguen las consecuencias, deberán asumirlas.