Baltasar Garzón y Ángel Acebes, a tiro de pedrada

ROSA BELMONTEMADRID. Puntuales llegaron Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón

Actualizado:

ROSA BELMONTE

MADRID. Puntuales llegaron Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón (el Señor de las Obras) para ver el paseo de Roger Federer ante David Nalbandian. Pero la imagen no era la del alcalde de Madrid y el presidente del PP. La imagen del día estaba en otra zona del Madrid Arena: el juez Baltasar Garzón y Ángel Acebes separados por sólo un palco que, además, estaba vacío. Se veían las chispas en el aire. Pero rebajemos la tensión (o no). Las recogepelotas vestían el mejor de sus conjuntos. Polo ajustado, faldita corta (no el espanto años 30 de la pasada edición), calcetas hasta la rodilla y, lo mejor, dos coletas que los peluqueros de Dessange les habían colocado. Mmmm, pillines. O sea, un lúbrico aspecto de estricta colegiala. Ayer se oían más silbidos en los desfiles de los cambios de turno, esos que las chicas hacen con las manos atrás. Aunque no sé si había más silbidos por el sugerente uniforme o porque era sábado y el público era más popular. Ayer, del Madrid, nadie, salvo Emilio Butragueño. Y Gonzalo Miró, repetía

Los silbidos de admiración pasaron en la semifinal entre Tomas Berdych y Fernando González a silbidos de abucheo. Al pobre checo lo pitaron al salir, al sortear el campo, al servir, al fallar, al marcharse. Tomas(tes) Berdych Fritos. Como si estuviéramos en Copa Davis en una república bananera. Casi lo silban por respirar (además de llamarlo imbécil o estúpido). A González le tocó la lotería y eso que el ¿respetable? ni siquiera se sabía su nombre. «Venga chileno», le decían. Y viendo el corto espectáculo, Emilio Aragón con Aruca, su mujer, o Alberto Caballero con Vanesa Romero. Garzón estaba desde el principio del partido. Acebes, no. Pero llegó más tarde. Al acabar el primer set, Garzón se marchó. Demasiada tensión. Es que era como si dos palcos más allá del de Emilio Aragón se hubiera sentado Fofito.