El balón de oxígeno de la UE obliga a Zapatero a rendir cuentas

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CON la vista puesta en Portugal y sobre todo en España, la intervención de la Unión Europea y del BCE ha supuesto un alivio, recibido con desbordada alegría por los mercados, ya que el riesgo de una crisis de liquidez inminente amenazaba con una crisis de solvencia a largo plazo. La confianza de los inversores en España estaba deteriorándose a un ritmo alarmante y la respuesta de la UE ha servido, veremos por cuánto tiempo, para frenar el deterioro que amenazaba con arrastrarnos a una situación similar a la griega, Nuestra deuda bruta -tanto pública como privada, casi tres veces el valor del PIB- precisa de ser renovada periódicamente por parte de unos inversores extranjeros de cuya confianza dependemos y a quienes debemos ofrecer garantías suficientes. Esa confianza se estaba perdiendo a marchas forzadas, acentuándose a la par que el Gobierno se perdía en largas disquisiciones sobre la naturaleza de la crisis sin abordar medidas de calado, como la reforma del mercado laboral, uno de los más injustos e ineficientes entre los de las economías desarrolladas.

Tras lo ocurrido este fin de semana, y la inicial reacción de los mercados, el Gobierno no podrá seguir escondiéndose. Puede volver a caer en la tentación de culpar a los mercados financieros, pero ahora ya no sólo rinde cuentas ante las urnas, sino que ha de hacerlo ante sus socios en Europa, a los que habrá de convencer de que España merece el crédito perdido en las últimas semanas. En lugar de excusarse tras las medidas europeas, la responsabilidad del Gobierno le exige ahora más transparencia que nunca, porque los ojos de los socios comunitarios estarán puestos en España, tal como afirmó ayer la canciller alemana, dispuesta a vigilar que Zapatero cumple con su compromiso de reducir el déficit público. Tras la ayuda de la UE, el Gobierno debería aprovechar esta última oportunidad para reconducir la situación de la economía española. Si no lo hace, será la Unión Europea quien exhiba públicamente las miserias de un Ejecutivo preso de su propia necedad e impericia.