Avance imparable

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CATORCE mujeres encabezarán las listas del PP en las elecciones generales. La cifra supone un 75 por ciento más que hace cuatro años y reafirma la progresión imparable del género femenino en la política. Ya hace unos meses, Esperanza Aguirre se convertía en la primera presidenta electa de una Comunidad Autónoma (ya lo fue del Senado). Pero los ejemplos son abundantes (Loyola de Palacio, vicepresidenta de la Comisión Europea; Luisa Fernanda Rudi, primera mujer que preside el Congreso) y alcanzan las distintas órbitas de la política, ya sea internacional, nacional, autonómica o local. El mismo fenómeno se da incluso en la organización interna de los partidos.

Además, se trata de una tendencia que alcanza a todos los partidos. Prueba de ello es la elección de Mercedes Cabrera como número dos de la lista del PSOE por Madrid (detrás justo de Rodríguez Zapatero) o la designación, hace algunos meses, de Carme Chacón como portavoz de la Ejecutiva socialista.

La progresiva llegada de mujeres a puestos clave de la Administración (la secretaria general de los Servicios de Inteligencia es María Dolores Vilanova) no es sino la traslación de lo que pasa por ser una de las más notables, justas y gratificantes transformaciones que ha vivido la sociedad española en las últimas décadas. Si está visto que el empuje es imparable, no tienen demasiado sentido los atajos (en formato «ley cremallera») o la sublimación de la discriminación positiva, que se sustancia en intentar reparar una injusticia cometiendo otra. Consagrado el principio de la igualdad, sólo el valor y capacidad de cada cual debe ser el patrón que determine el puesto que se haya de ocupar en la sociedad.