Editorial

La autoría y el coste del buen periodismo

La selva en que se ha convertido internet no puede seguir funcionando sin una mínima regulación, más aún en un caso del que en buena parte depende la salud de las sociedades avanzadas

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Las lágrimas de cocodrilo de los gigantes de internet tras la aprobación de la nueva legislación comunitaria sobre los derechos de autor no deberían impedir un análisis sereno sobre lo que verdaderamente significa. Como la música o cualquier otro tipo de creación artística, el periodismo responsable no puede ser gratuito, porque tiene un coste. Sin una remuneración justa, los medios de comunicación y los periodistas que trabajan en ellos desaparecerán. Y la información profesional es necesaria para mantener vivas y despiertas a las sociedades democráticas. No se trata de un falso corporativismo, puesto que no se entendería que los médicos o los arquitectos pudieran ser suplantados por las informaciones replicadas en las redes sociales. Tampoco se trata de impedir la libre difusión y transmisión de la información que cada cual considere conveniente. Pero de la misma manera en que se pagan derechos de autor en el caso de la música y el cine, la información también tiene un origen -y un coste- que gigantes como Google prefieren ignorar.

La selva en que se ha convertido internet no puede seguir funcionando sin una mínima regulación, más aún en un caso del que en buena parte depende la salud de las sociedades avanzadas. Hasta la más virtuosa de las ciudades no resistiría que todas sus puertas estuvieran abiertas permanentemente. Hay que abogar por un mundo con el menor número de cerraduras, pero aún en ese escenario utópico habría que organizar los espacios, para evitar conflictos en los que siempre saldrían ganando los más fuertes, y no los que tuvieran mejor derecho. Aún queda mucho para que se redacte la versión final de esta legislación, pero las bases que se pusieron ayer son buenas para todos. Incluso para esas corporaciones globales que tantos beneficios obtienen de unos medios cuya supervivencia está en juego.