Aulas de enlace

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LA plena integración de los niños inmigrantes juega un papel decisivo en el sistema educativo español. Así lo reconoce la ley de Calidad de la Enseñanza, en cuyo articulado se incluyen las llamadas aulas de enlace para atender las necesidades lingüísticas o culturales de los inmigrantes hasta su equiparación al resto del alumnado. El objetivo de estas aulas es posibilitar una atención específica a los estudiantes extranjeros con desconocimiento del castellano o con un grave desfase curricular, apoyando la adquisición de competencias lingüísticas y desarrollando el proceso de enseñanza mediante las oportunas adaptaciones culturales.

Oponerse a las aulas de enlace, que en ningún caso tienen un carácter segregador, es la máxima expresión de la demagogia política. Las aulas de transición -la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid ha sido la primera en abrir 132 clases de este tipo- aparecen como un beneficio no sólo para los menores inmigrantes, que encuentran en ellas un cauce de integración adecuado, sino también para el sistema público de enseñanza, que acoge a la mayor parte de las 200.000 plazas escolares ocupadas por alumnos extranjeros. Resulta obvio decir que un profesor que tiene que distraer parte de su esfuerzo en atender a alumnos con dificultades idiomáticas o culturales acaba por deteriorar el ritmo de una clase. Las aulas de integración aparecen, por otra parte, como el mejor remedio para poner coto a revelaciones tan espeluznantes como las realizadas por el Defensor del Pueblo, que alertaba de que casi cuatro de cada diez estudiantes españoles están en contra de que haya inmigrantes en sus aulas.