Una raya en el agua

La vía asiática

Al Madrid del poder ha dejado de inquietarle el independentismo. Contempla a sus dirigentes como monigotes políticos

Ignacio Camacho
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Ahora el espejo es Hong-Kong. Por su protesta de desobediencia civil, no por el proceso previo de absorción en China, claro. Desde los años ochenta, el soberanismo catalán se ha querido reflejar en diversos modelos de autodeterminación, a cuál más estrafalario: Quebec, las islas Feroe, Suiza, Escocia, los países bálticos. Hasta Kosovo y más recientemente Eslovenia, funestas invocaciones del drama yugoslavo. El caso es siempre parecerse a algo, aunque las reclamaciones de secesión en el mundo suelen terminar en conflictos dramáticos. Ayer, en un Madrid cuyo sobredimensionado aparato institucional sólo mandó a escucharle a un par de altos funcionarios, Torra amenazó con convertir Cataluña en una manifestación de rechazo a la hongkonesa si el Supremo condena a sus colegas procesados.

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