Visto y no visto

Ascos

Valió la pena venir para ver por qué Europa se está pudriendo y cómo toda esta gente provoca el surgimiento de los Hitler y los Mussolini

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La equidistancia del centrista sólo es una caricatura del asco. Asco a la política, que requiere de un enemigo. Sin enemigos, no hay política. Es el «yo no soy de derechas ni de izquierdas» del emboscado contemporáneo, gansada refutada ya en tiempos de María Castaña por Alain, Émile-Auguste Chartier, santón de Aron y Weil, que atribuía la expresión a la gente más de derechas y lo bastante cobarde para no admitir en público que estaba, en terminología de la época, «contra el reparto». ¿Quién conoce a un centrista que le haya «repartido» algo?

El centrismo sería, pues, la gazmoñería del fascista (puestos a banalizar el término, como es la moda): nada que ver con ese asco español descrito por Ruano