Arrastrar los pies

Esto de la crisis de Venezuela le viene a Sánchez muy a trasmano. Con lo encantado de sí mismo que estaba en Davos

Ignacio Camacho
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Con otro gobernante distinto a Trump en Estados Unidos, el reconocimiento de los opositores venezolanos le costaría a Sánchez menos trabajo. Como la Casa Blanca se le ha adelantado, a nuestro presidente se le hace un mundo dar ese paso por temor a parecer un epígono del magnate republicano. La repugnancia de la izquierda española por el populismo sólo afecta a los populistas de un bando; para aliarse de puertas adentro con los prosélitos bolivarianos no ha ofrecido el menor reparo. Pero hacer «seguidismo» (sic) de Trump es un mal trago que podría molestar a sus socios y seguidores más doctrinarios. Otra cosa sería que estuviese Obama al mando; lástima que fuera él quien, al favorecer el deshielo con el

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