Arenas contra Chaves

M. MARTÍN FERRAND
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MANUEL Chaves, padre ejemplar, hermano generoso y político mediocre, es el arquetipo de los profesionales con los que el socialismo español suele cubrir los cargos de representación y responsabilidad. Su función principal es impedir que, en sus territorios, pueda crecer la hierba del PP. Lo de servir a los ciudadanos y pretender su prosperidad es, en el actual esquema rector del PSOE, asunto de orden menor y sustituible por una dosis de populismo barato y dos o tres de propaganda desvergonzada.

Durante casi veinte años, Chaves ha cumplido en Andalucía con la misión de frenar a un PP que tiene presencia en la mayoría de las grandes ciudades de la región y apenas alcanza notoriedad en las pequeñas y puramente agrarias. En ese tiempo, Andalucía ha crecido por debajo de la media española y ha cosechado unas cifras de paro que duplican el total nacional. Chaves fue más provechoso para el PSOE -quizá también para su familia- que para los andaluces y, por ello, José Luis Rodríguez Zapatero, el de las ocurrencias, le ha llevado a su vera madrileña y presidencial.

El líder de la oposición a Chaves en Andalucía fue, como él, ministro de Trabajo y le precedió, junto a José María Aznar, en los asuntos vicepresidenciales. Ahora, Javier Arenas anuncia que el PP, «en los próximos días», le pedirá al ex presidente de Andalucía «responsabilidades jurídicas» por las subvenciones de la Junta a la empresa Minas de Aguas Teñidas, en la que trabaja la ya famosa hija del ahora vicepresidente. Ya nos dirán los tribunales, cuando nadie recuerde la esencia de este feo conflicto de intereses, el alcance de las responsabilidades de Chaves y su Gobierno andaluz; pero, ¿no resulta grosero un anuncio de esa categoría? La información sobre las denuncias, demandas y querellas, según los casos, que haya podido presentar un partido político contra su oponente es algo exigible; pero el alarde, incluso con redobles mediáticos, de lo que se pretende hacer en «los próximos días» tiene algo de inelegante y pendenciero y no dice mucho de la sutileza política, la finura jurídica y el talento comunicador de quien así procede.

En lugar de jugar a los profetas y anunciarnos lo que vendrá, Arenas debiera habernos dicho que acababa de presentar una querella contra Chaves. La política debe referirse a los hechos. Las intenciones sólo funcionan en los territorios del amor y la poesía.