Aquella guerra vil

Es increíble cómo despreciamos hoy la mejor Europa de la historia

Luis Ventoso
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Los grandes mandatarios del mundo recordaron ayer en Francia el Armisticio firmado hace cien años en un vagón de tren, empanelado con nobles maderas y detenido en un bosque de Compiègne, en la norteña Hauts-de-France. La rúbrica ponía fin a la guerra que jamás iba a ocurrir y que si estallaba nunca sería larga. Un conflicto entre imperios decadentes: de un lado el británico, el francés y el ruso; del otro, el alemán, el austrohúngaro y el turco. La mecha acabó prendiendo por todo el planeta, del Somme a Gallipoli, con setenta países enzarzados. No existe un balance exacto, pero en los cuatro años de carnicería murieron, entre militares y civiles, unos 20 millones de personas. En un solo día,

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