Apoteosis de desgobierno

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EL Gobierno ha disfrazado como corrección de errores lo que ha consistido en una verdadera modificación del Real Decreto-Ley aprobado el jueves por el Consejo de Ministros. Este episodio es, en primer lugar, una ilegalidad manifiesta que merece una explicación pública de la ministra de la Presidencia y una aclaración jurídica convincente, si es que la hay. Por otro lado, representa políticamente la imagen de un Gobierno ineficaz y sin respeto por las formas más elementales de su tarea. No es creíble que la fecha de entrada en vigor de la prohibición de endeudamiento por los Ayuntamientos fuera un «error». Según el texto original, esa prohibición regía desde ayer, martes 24, hasta el 31 de diciembre de 2011. Pero ayer mismo apareció en el BOE una modificación para que el día inicial del plazo sea el 1 de enero de 2011. Entre medias no ha habido otra cosa que un paso atrás del Gobierno por la presión de los Ayuntamientos. Además, si hubiera habido un «error», el Gobierno lo habría corregido el lunes por la mañana, pero el silencio de los ministerios competentes delata que fue una medida mal calculada y peor enmendada. Otra más. El escenario de desgobierno en España es patético. La situación económica de los municipios es un asunto muy serio que debe ser abordado con rigor y seriedad, incluso con una política de restricción que evite nuevos desmanes financieros en este nivel de la administración del Estado. Pero la respuesta no puede ser una chapuza de aficionados como la de alterar en menos de veinticuatro horas una entrada en vigor. Y todavía es peor la explicación del error que la certeza de que el Gobierno ha perdido el norte, porque demuestra que no acierta ni cuando rectifica. Algo similar es lo ocurrido con el globo sonda lanzado por el Gobierno respecto a la posibilidad de imponer el copago en la sanidad pública: que ni para esto demuestra un mínimo de coordinación. De hecho, mientras la ministra de Sanidad sostenía ayer que «hay dudas lo suficientemente amplias» como para no aprobar el copago, el secretario de Estado de Economía argüía que «ahora está sobre la mesa» como una opción «posible».

Error tras error, rectificación tras rectificación, la imagen exterior de España no sale indemne. Es de suponer que quienes nos fiscalizan al milímetro observarán incrédulos que en menos de un día los ayuntamientos pasan del cerrojazo financiero a una más que probable carrera de endeudamientos en lo que queda de año. Si no fuera dramático para España ser gobernada en estas condiciones, chapuzas así resultarían hasta risibles. Pero no lo son. Al contrario, es un problema muy grave.