Banda terrorista ETA
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EDITORIAL

ETA, antes que las víctimas

Si la banda terrorista vuelve al debate partidista es porque el Gobierno de Sánchez tiene que pagar el apoyo del PNV a su moción de censura y al resto de legislatura

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha cometido el grave de error de dar prioridad al traslado de presos etarras frente a la atención personal a las víctimas de ETA. Sánchez despachó las quejas de las víctimas con un inoportuno recordatorio de que ya habían sido recibidas por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Sin desmerecer al ministro, quizá el orden debió ser inverso: las víctimas, con el presidente del Gobierno, y que el Ministerio del Interior se ocupe de los etarras. Las prioridades de una agenda no son cuestión de formas, sino expresión de un baremo de importancias. El desaire a las víctimas es un desaire a lo que estas significan en la historia reciente de la democracia: resistencia frente al terror, firmeza frente al chantaje nacionalista, defensa militante de la unidad de España. Sánchez, como Rodríguez Zapatero al inicio de su mandato en 2004, ha dado carpetazo a las víctimas antes que a ETA y este error es imperdonable en el presidente del Gobierno de España.

El traslado de presos tiene sus condiciones legales y no hay que alterarlas a conveniencia política. El preso terrorista que las cumpla puede acogerse a un acercamiento a cárceles vascas, pero no como una medida de «normalización política», sino por aplicación pura y simple de la ley. Esa ley que ha derrotado a ETA y que no hay que arrinconarla para pagar facturas políticas. Con Sánchez y el PSOE han vuelto los mensajes disolventes de la ética política que debe presidir el fin de ETA. Para el Gobierno, la normalidad y la convivencia en el País Vasco ya no dependen de que las víctimas sean reparadas y los crímenes de ETA esclarecidos, sino de que los presos etarras estén cerca de sus familias. Error también que comete al recordar los acercamientos de presos en la tregua de 1998-1999, porque aquellas medidas fueron impulsadas por un acuerdo del Congreso de los Diputados en el marco de una política consensuada por el Gobierno de Aznar con el PSOE. Pero al PSOE sólo le interesan los pactos sobre ETA cuando gobierna el PP. Sánchez pide lealtad al Partido Popular, como la que el PSOE tuvo con el PP. La diferencia es que el PP siempre pacta sus políticas antiterroristas con el PSOE y el PSOE nunca las pacta con el PP, sino con el PNV y los separatistas.

Si ETA vuelve al debate partidista es porque el Gobierno de Sánchez tiene que pagar el apoyo del PNV a su moción de censura y al resto de legislatura. El PNV, a su vez, quiere presentarse ante la izquierda proetarra como el causante de los acercamientos y así reducir espacio a Bildu. En este juego de favores recíprocos, las víctimas molestan.